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Las Tinieblas y las rosas

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MiniFic Las Tinieblas y las rosas

Mensaje por KenshinCroft el Dom Mayo 17, 2015 8:37 pm




De lo más leído del 2015







Título: Las Tinieblas y las rosas
   Terminado: No.
   Autor: KenshinCroft
   Fandom: Original
   Género: Yaoi, romance, drama, erótico
   Crossover: No.
   Advertencias: lemon.
   Clasificación: Para mayores de 16 años.
   Nota de autor: Lo he publicado en Amor Yaoi y Univrerso Fanfics.

Las Tinieblas y las Rosas




Capítulo I


El vino que humedece un jardín


He estado mucho tiempo solo, la diversión no es eterna y en cantidades grotescas, aburre y hasta oscurece toda bondad que antes ofrecía.
Los humanos han buscado la verdad desde entonces… ¿Qué sería de esta vida sin la búsqueda de la verdad, de una certeza? Los caminos son miles, de tonalidades mixtas y finales inesperados, o hechos aposta.
Los atardeceres siguen siendo rojizos, con toques naranjas y dorados agonizantes; las noches, ya frescas, ya taciturnas. ¿Y los amaneceres? Sí, también he vivido amaneceres: radiantes, grises o llenos de vitalidad.

Pero yo no he encontrado un fin, un fin último por el que realmente me detenga a pensar, a contemplar todas esas criaturas, verlas realmente, no como lucen, sino, lo qué son. Constituidas de carne y sangre, se dicen así mismas pertenecer a un nivel superior de toda creación en este mundo. Sin embargo, he visto contrariedad en eso… Y ahora, que me encuentro alejado de esa creación, convertido en el lado corrupto de esa creación; doy fe a lo que acabo de decir. Tengo mayor nitidez de este lado, y las acciones de los humanos son verdaderamente estúpidas, absurdas, carentes de relevancia… Algunas, algunas.

No obstante, no niego que están dotados de una belleza única: pieles tersas, con ese delicioso olor a sangre que los envuelve… ¡Es una bendición percibir ese olor! Corren, ríen, saltan, se mueven y ese olor se intensifica. Puedo percibirlo desde una distancia considerable, o lo suficiente para confirmar de quién se trata y su edad. La sangre de las mujeres es más fina y de olor más penetrante que la de los hombres; y ésta, tiene el sabor más fuerte. Y de los niños, es un sabor… ¿Cómo describirlo? Es menos densa que la de un humano adulto, pero su sabor es algo dulce.

¿Cuántos humanos no han pasado entre mis manos? ¿Cuántos bellos cuerpos no he recorrido con mis dedos y con mi lengua? ¿Cuántas miradas no he contemplado? ¿Cuántos sexos no he probado? ¿Cuántos cuellos no he libado? Concluyo que los humanos son criaturas bastante interesantes: temen a lo que desconocen, y por eso, lo ven cómo una amenaza a su especie y buscarán acabar con eso… Modifican todo lo que les resulte útil para sus vidas, y crean y destruyen…

No me enfada ser una amenaza para ellos, ni les temo, mas no les subestimo. Les dejo vivir, no todos son aptos para compartir mi mesa; y ellos, empero, desean destruirme aunque ni siquiera conozcan mi rostro.
No importa, no importa…

Hoy día, los mercados han crecido, las culturas se han mezclado y el dinero se ha vuelto un motor para mover su mundo. Un lugar que no puedo eludir; así que me he hecho de unos negocios textiles. La seda es muy codiciada, igual que el algodón, por ende, mis negocios llegan a las tierras de los antiguos turcos hasta los legendarios guerreros chinos.
Llevo manejando estos negocios siete años, he conocido los mundos de oriente, ¡interesantes y bellos! Algunos describen cómo “grotesca” su gastronomía, o critican su modo de devoción ante sus dioses… Simplemente son humanos que se aclimataron a esas regiones y así han hecho sus vidas.

Durante estos siete años, había tenido uno que otro romance con deliciosas jovencitas; mujeres que sólo querían divertirse, ---porque se habían sentido seducidas a primera vista, por mi extraordinaria belleza---, semejantes a un capricho luego de la comida: efímeras. Algunas de ellas terminaron desaparecidas, según las autoridades de cada pueblo, o “raptadas por el vampiro”, otras, les permití volver a sus hogares; y otras, continúan conmigo… Pero este mundo no es estático, y mis motivos tampoco. Aún no me he saciado. ¿Cómo decir que se ha acabado, cuándo mi existencia es eterna? Los humanos han buscado perpetuar su vida luego de la muerte; y yo he desafiado todas esas filosofías sobre la salvación, porque he muerto y he estado aquí al mismo tiempo… Mi creador desapareció hace años, y no he vuelto a sentir su presencia. No sé, tal vez no vuelva a saber de él. Me he rodeado de otros vampiros, no obstante, sólo por temporadas, soy muy solitario. Bueno, he de admitirlo, exigente, si no encuentro placentera su compañía, me retiro hasta jamás manifestarme ante ellos. Los vampiros son más egoístas que los humanos en cuanto dominio. No, egoísta no es la palabra, más bien, cautelosos. Detestan toparse con un vampiro que posea mayor habilidad en sus dotes y de mayor longevidad que ellos, pues saben que corren el riesgo de ser eliminados. O los más antiguos, conocen de antemano, que serán traicionados, ya que otro desea hacerse con el poder de toda una legión.

Insisto, sus compañías no han sido nada satisfactorias…No me he detenido en todos estos años; no ha existido un eje que refuerce mi estadía, o sujete con determinación a este cadáver que aún posee alma…

Ya ha sido suficiente filosofar, hoy tengo una reunión con un nuevo cliente, muy recomendado por otros del gremio, así que no puedo esperar.


[…]

Me han advertido sobre mi nuevo cliente, Monseiur Montagne. Un viejo amigo, Andreas, también fabricante de telas, ha tenido uno que otro roce con el nuevo cliente:

----Dicen que le importa mucho su reputación, así que un detalle que vea en ti, te borrara de su lista, o incluso puede hacer que otros dejen de frecuentarte o peor, hundirte.----advirtió

----No importa mi amigo, el mundo es lo suficientemente plural, como para pensar que las telas serán lo mío de por vida.----le respondí con arrogancia.

Por supuesto que me interesaba el negocio, pero no podía evitar hacer alarde de mi despreocupación por el tiempo…Además, por mi condición vampírica, no me era posible mantener relaciones de negocios por mucho tiempo, ya que, a los humanos, el paso de su vida es muy notorio conforme se les juntan los años; y en mi caso, manifestarme con tal indiferencia frente a ellos, al cabo de un buen tiempo, les causa una impresión tremenda. Son muy curiosos cuando saben que algo anda mal.

-----¡Hemos llegado, Monsieur!---Indica mi cochero

----Gracias, Luka…

----¿A qué hora pasó por usted?

-----Descuida, tomate la noche…

Luka abre la puerta de la diligencia y de inmediato se dibuja ante mí, el imponente palacio de Monsieur Montagne. Ajusto mi casaca y me abro paso entre sus invitados. No soy el único con minutos de haber llegado, delante de mi diligencia, están otras, con sus puertas abiertas recibiendo señoritas y señores.  

¡Qué hermoso jardín! La fuente le da frescura y jovialidad. Dentro, el amplísimo salón ya alberga más invitados; los músicos están ya tocando, y otros liban de un buen vino… ¡Qué aroma tan fino tiene! Las damas me sonríen de forma pícara, aprovechando que sus senos salen rebosantes de juventud y una buena dieta. También les sonrío, mientras busco un sitio apropiado para disfrutar de la reunión…

-----¡Monsieur Feroas! ¡Monsieur Feroas! ¿Cómo está? ----- se acerca presuroso Dominique, otro amigo.

----¡Monsieur Dominique! He dado correctamente al palacio, le agradezco su tiempo de aquella tarde, para indicarme las coordenadas.---le respondo con amabilidad.

----Gracias a usted, Feroas, por aceptar la invitación. ----continúa el regordete, de mejillas rosas y de pequeño bigote blanco.-----Antonieta, por favor.

----Monsieur Feroas.----obedece la joven esposa con una sonrisa.

----¡Echanté, Madmoiselle!-----respondo con un beso en su mano.

----El señor Motagne ha preparado un buen festín, ¡eh!-----interviene Dominique.

-----Así es, así es.-----contesto eludiendo su rostro.

----¡Vaya señor Feroas! Usted sí que desconoce el ocaso de la juventud. -----interrumpe la joven señora.

----Sí, es cierto, usted siempre luce tan jovial. ¡Míreme a mí, ya sonrío y parece que se van quedando marcadas estas arrugas!-----responde Dominique entre risas, que le cortan el diálogo, debido a su regordeta figura.----Creo Monsieur, que es hora de presentarlo, hay gente muy importante aquí. Sígame.

Saludo a empresarios de gran renombre y con experiencia en los negocios, agrupados según sus comercios. Sin embargo, el afamado Monsieur Montagne aparece acompañado de su progenie. Se muestra realmente interesado en mi persona, pues saluda con prontitud a sus invitados.

---¡Bienvenue Monseiur! Es un placer conocerlo al fin.----Se presenta con tanta amabilidad, y a la vez con un dejo de suspenso por mi apariencia.

Monseiur Montagne es delgado, de cabellos negros y ojos del color de las esmeraldas, un señor con porte y bien parecido. Su señora, Madmoiselle Monique, tiene una belleza inigualable, sus tres hijas, de cabelleras doradas, pero con matices diferentes, Aimeé, Cathérine y Jacqueline, continúan con esa encantadora sonrisa de su madre… Empero, la belleza del joven varón, me deja ensimismado. ¿Cómo es posible que una criatura posea tal hermosura? Durante toda mi vida, había sido testigo de la belleza tanto en hombres como en mujeres, mas nunca había contemplado una de tal magnitud…El joven es gallardo, de mi estatura, de cabellera larga y de un dorado más brillante que el de sus hermanas; posee dos perlas marinas como ojos y una fisonomía extraordinaria, tallada por la misma Afrodita. Y por si fuera poco, su sonrisa es de mayor impacto y sensualidad que la de su madre…

----¿Monseiur, Monseiur?-----Me interrumpe Montagne.

----Sí, disculpe…

----Y él es mi hijo, el mayor, Ariel Montagne.----indica el anfitrión con su mano sobre el hombro del joven.

----¡Es un placer, Monseiur!----Me saluda Ariel, inclinando su cabeza.

----¡El placer es todo mío, Mon Cher!----le devuelvo la respuesta con una sonrisa algo juguetona.

Sin duda, en este momento, mis sentidos se encuentran sin una definición específica: ¿qué es la belleza de este joven? Ahora me es imposible describirla con certeza, sin embargo, también me es imposible dejar de mirarlo. ¿Cómo puede existir tanta belleza en un solo ser? ¿Por qué sus ademanes son tan perfectos? Como si los hubiese practicado con tanto esmero, o sólo por esta noche… ¿Será el mismo luego de este evento? ¿Será real todo esto? No puedo negar que su presencia me ha causado enajenación.  ¿Cómo es posible que lo encuentre más hermoso que su madre, sus hermanas y todas las bellas jovencitas alojadas en este palacio? No comprendo, no comprendo… ¡Dios mío, has dotado de tanta hermosura a este ser, que no me permito concentrarme en otra cosa, o en las conversaciones! ¡Cómo has podido ser tan malvado, ya no puedo quitarlo de mi cabeza, o borrar el impacto de su presencia sobre mí!

Ni siquiera me he topado con algún vampiro que iguale su belleza… Es sin duda uno de los hallazgos más relevantes y deliciosos que he hecho hasta el momento.

Los negocios, creo, serán muy fructíferos…


Última edición por KenshinCroft el Sáb Ene 09, 2016 8:17 pm, editado 3 veces










"Contemplar toda la belleza que posees, transmuta mi voluntad en la enajenación de un chiquillo al descubrir la grandeza del océano." KenshinCroft
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MiniFic Re: Las Tinieblas y las rosas

Mensaje por KenshinCroft el Sáb Mayo 23, 2015 2:03 pm

Capítulo II

El beso de una cereza


¿Qué es la belleza? Hoy he despertado con esa pregunta. Anoche, el joven Ariel produjo en mí toda confusión, no para mal, sino, por la ventura de un nuevo camino. He consultado los volúmenes de filosofía que poseo y ninguno me ha dado una respuesta concreta sobre qué es la belleza. ¿Es belleza lo qué es útil y bueno? ¿Es belleza lo sumamente bueno? ¿Es belleza lo que guarda orden en una figura? ¿Es belleza lo que cumple su función? ¿Es belleza simplemente lo bello? ¿Es belleza lo agraciado? ¿Es belleza lo ético? ¿Es belleza lo apegado totalmente a la virtud como mesura de nuestros vicios? ¿Es belleza el razonamiento de un alma y que no rompe con las leyes de la moral? ¿Es belleza lo meramente humano? ¡No lo sé, no lo sé! ¡Simplemente no lo sé! Empero, sé que su rostro es delicioso, que lo encuentro bello… ¿Por qué es bello? Sus ojos azules, su delicada nariz, su tierna mirada, sus exquisitos labios… ¡Cómo he caído en su gracia y ahora mis palabras se encuentran inundadas de él! ¿Por qué me sucede esto? ¿Estaré perdiendo el juicio? No, no, estoy dentro de mis facultades y sé qué digo esto… ¿Cómo saber cuándo se cae en la locura y cuándo se está en la realidad? ¿Qué realidad es esta, y cuál es la mía? ¡Ha sido suficiente! No sé, pero en tan sólo unas horas he maquinado qué hacer la próxima vez que lo vea.

Anoche, tan sólo escuché su voz cuando me saludó. No sé qué le gusta hacer, si está próximo a ingresar a alguna facultad, o si gusta de la música, o del teatro, o de la poesía, o la pintura… No lo conozco, y ahora, siento un terrible frenesí por tenerlo cerca… Percibir su dulce aroma, sus labios, sus ojos… De alguna manera tengo que verlo. ¡Necesito verlo! ¿Necesito verlo? ¿Lo necesito? Sí, sí, sí lo necesito.

No comprendo cómo es que he caído en esta locura. ¿Qué es todo esto? ¿Qué es todo esto? ¿Por qué mi putrefacto corazón late como en sus años mozos? ¿Por qué mi mente proyecta su rostro una y otra vez? ¿Por qué este frenesí? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? … He sentido esto hace años, hace mucho tiempo, y si no me falla, es amor. ¿Me habré enamorado? ¿Me habré enamorado a primera vista? ¡Qué infantil he sido! ¡A los jóvenes les sucede esto con facilidad! ¡Cómo yo, una criatura tan longeva cayendo en esos juegos!

Por más estúpido que parezca, es cierto… No puedo evitar sentir algo de júbilo mientras lo veo en mi mente. ¡Hmp, estoy enamorado! No puedo estarlo, tan sólo nos vimos anoche. ¿Cómo puede surgir algo tan repentino? Seguro estoy perdiendo el juicio, es seguro.

Ya es medio día, Monsieur Montagne me pidió anoche confirmar nuestros negocios hoy, en su mansión. Ese joven estará ahí… Imaginarlo, es tremendamente suculento.

[…]


Voy en camino hacia la mansión de Monsieur Montagne. No sé cómo describir lo qué ahora siento, empero, el corazón está dominando todos mis sentidos por más que trato de apaciguarlo. Siento tanta vitalidad mientras me aproximo más y más. La dicha de verte otra vez, es tan extrañamente fuerte, pues no deseo probar tu sangre, eres la primera criatura que no me atrae por sangre. He olido tu sangre, y es tan deliciosa, pero no, ese no es mi motivo. Se trata de ti, solamente de ti. Contemplar toda la belleza que posees, transmuta mi voluntad en la enajenación de un chiquillo al descubrir la grandeza del océano. Eres sumamente bello, que no veo más que puro bien. El mal soy yo, pues quiero provocarte toda la sensualidad del deseo, de la lujuria; un conocimiento que muchos censuran, sin embargo, es tan aplaudido por quienes lo gozamos. Y te aseguro, que tú también lo aplaudirás… En mis manos no encontrarás dolor ni traición; sólo quiero poseerte como la esencia en cada ser que existe, pues así, no habrá manera de separarte de mí, serías parte de mí. Tan unidos, que si tú recibes un bien, yo lo vivo como tú,  y si lloras, yo puedo entender tu agonía. No puedo concebirte de otro modo, ni siquiera siento tu amigo o un allegado o parte de mi estirpe. Te quiero poseer totalmente, quiero respirarte y, que seas mi nueva fuente de vida.

-----Monsieur, hemos llegado.-----Me interrumpe Luka

----Sí… El trayecto ha sido más corto de lo que pensé.---- Le respondo con una sonrisa.  

La mansión tiene un aspecto lúgubre, luce realmente apagado, una que otra ave le pasa encima. ¿Qué fue del majestuoso edificio de anoche? ¿Un espejismo por la alegría de hacerme con un nuevo negocio? Parece que el color dorado se desvaneció con la luz del sol, y dejo ver su verdadero matiz.

---- ¡Bonjour, Monsieur! Pase, el amo lo ha estado esperando.-----Me indica el mayordomo.

Recorremos el amplio pasillo, un sublime camino con vista a los jardines, donde los rayos del sol delinean nuestras sombras y nuestros pasos. No hay ruido, de pronto se me viene la idea de que existimos sólo el mayordomo y yo, que nos aproximamos a un punto sin fin… ¿Punto sin fin?

La enorme construcción comienza a tomar vida poco a poco, conforme nos acercamos a la sala de Monsieur Montagne, pues aparecen varias mujeres y hombres de la servidumbre, llevando mantas, plumeros, baldes con agua, bandejas y otros enceres.  Todos me saludan según las distancias que mantengo con ellos.

Ya puedo percibir la voz de Monsieur Montagne…

-----Aquí es Monseiur.------Se inclina el mayordomo. ----Por favor, pase.

Abre las enormes puertas, que conservan, curiosamente, un estilo barroco. Dentro, la sala se vuelve tan amplia, con sus ventanales y muebles. Al fondo, se encuentra Monsieur Montagne, precisamente, charlando con alguien.

----¡Bonjour Monsieur! Adelante, adelante.-----Se aproxima a mí, y me extiende la mano.

----¡Merci, merci! Espero no interrumpir… ----Le respondo con un saludo.

----Descuide, él es Monsieur Preston, viene de Londres. Se dedica al negocio de las carnes.-----Termina con una risilla.---- Monsieur Preston, él es nuestro nuevo integrante, del que le he hablado, Monsieur Feroas.

----Es un placer.----Responde Monsieur Preston, quien mantiene un airecillo de suspenso mientras me saluda.

----El placer es mío.-----Le sonrío.

Monsieur Preston palidece de pronto, como si todas sus energías se colaran por el suelo. Sus pupilas se dilatan al grado de casi colapsar. No deja de mirarme, a pesar del estado en el que se encuentra.

----¿Me repite su nombre, por favor?-----Pregunta a pausas, con gotas de sudor en todo su rostro.

----Me llamo Feroas Dorcha. ----Le contesto con serenidad.

Sus ojos se desorbitan, las rodillas se le doblan y cae al suelo. Monsieur Montagne se aproxima angustiado y le da unos golpecitos en la cara. Dirige su mirada hacia a mí, intentando ver el efecto de su reacción sobre la mía, no obstante, yo estoy totalmente sereno, inmune al acontecimiento.

----¡Oh, Dios mío! ¡El pobre debió tener un viaje pesado! -----Dice Montagne pasmado.

----Será mejor que lo atienda. Nos veremos en otra ocasión.

----¡No, no, no! Por favor, espéreme en esta habitación. Lo atenderé cuando vuelva. Es importante conocer nuevos rumbos en los negocios. Espere aquí por favor. ----Suplica Montagne, algo alterado.

----Bien, así será. Aguardaré aquí.----Inclino mi cabeza.

Monsieur Montagne manda llamar a su servidumbre y se llevan al desdichado Monsieur Preston. Su mal estado es alarmante… No sé, advertí su miedo sobre mí, como si supiera de mí, o de mi condición vampírica. ¿Acaso he sido tan descuidado con mi presencia como para alertar a todo humano que se acerque a mí? Eso es imposible. Cierto, que somos sumamente atractivos para los humanos, empero, siempre existe ese dejo de miedo o de suspenso sobre nosotros. Ellos saben cuándo hay algo extraño.

Ahora siento coraje, ¡cómo pudo ese humano saber de mí! Su sangre no me es familiar, no tengo registrado su sabor ni de un conocido suyo ¡Cómo ha logrado tener sospecha de mí! Tal vez se trata de una coincidencia, su mal estado y mi naturaleza. Tal vez en realidad tuvo un largo viaje, no se ha alimentado correctamente…

La sala de Monsieur Montagne contiene varios volúmenes sobre historia antigua, en cuanto los de medicina, poesía y lecturas clásicas, se hayan en un número menor. En la ornamentación de  la sala, destacan pequeñas esculturas ecuestres y, deidades de la mitología griega, como Artemisa, Hermes y Apolo. Al fondo se encuentra una mesa enorme, estilo à la grecque, muy propio de esta época. En los muros, sólo tiene tres cuadros, uno sobre él, otro de sus bellas hijas y su señora… Y el tercero, el joven Ariel. ¡Qué falta de respeto! No, me he equivocado, el pintor fue incapaz de imitar la belleza de este joven. La técnica es correcta, pero falta esa tremenda vibra que aún siento en mis carnes, la vibra de la belleza del joven Ariel. A comparación de los otros cuadros, a este, no le fue posible lograr ese impacto…

----- ¡Padre, padre! ¿Puedo tomar…? -----Irrumpe de golpe el joven Ariel, abriendo de par en par las puertas de la sala.

Nos quedamos perplejos, uno sobre el otro. No me es posible evitar la efusividad que casi corro a recibirlo.

----Monsieur Ariel… Me temo que su padre no se encuentra….

---- ¡Oh, qué descortesía de mi padre! ¿No le ha atendido? ---- Pregunta algo presto.

----Descuide, su padre tuvo un contratiempo, ya me ha visto y me ha pedido que aguarde aquí. ----- Le respondo con una sonrisa.

----- ¿Y qué ha pasado?

-----Un cliente de su padre, al parecer tuvo un viaje largo y se ha desmayado. ----- Le contesto con un tono más suave.

-----Seguro demorara.----Hace una pausa, mientras se introduce en la sala. -----Perdone mi osadía, pero quisiera saber quién es usted. Mi padre no ha parado de hablar sobre usted. ------ Se cruza de brazos, adquiriendo un aura muy seductora, gracias a unos mechones de cabello rozándole la cara.

-----Mi nombre es Feroas Dorcha, soy un comerciante de telas. Y me han recomendado con su padre, quien negocia con gente como yo.----Me aproximo un poco al joven.----Tengo entendido que su padre es arquitecto, y como todo arquitecto, los interiores cuentan tanto como el exterior.

----Así es, pero mi padre no es el encargado de la decoración, por eso trabaja de la mano con Monsieur Fontaine. -----Inclina un poco la cabeza a la izquierda.----Y se ha corrido el rumor, Monsieur, de que sus telas son las más finas del este europeo.

----Parece ser así.-----Me acerco aún más.---- ¿Y qué hay de usted, joven Ariel?

----Mi padre quiere que siga sus pasos. Pero no, no quiero dedicarme a la arquitectura.---Dirige su mirada hacia lo alto de la sala.----Tengo el oído y el alma de un músico.

---- ¡Música! Todo un arte, igual que la arquitectura. -----Continuo acercándome al joven.---- ¿Y por qué la música?

-----Es mi pasión desde que era pequeño. La exigencia de la música es lo que también me atrae, la precisión del tiempo, la belleza de las notas y como todo ese conjunto produce tantas sensaciones en quienes la escuchan, es para mí, belleza.----- Responde con una sonrisa, que me parece terriblemente seductora. Sus ojos han adquirido un azul más profundo.

----- ¿Eso es belleza para usted? ¡Qué curioso! Hoy me desperté con esa incógnita: ¿qué es la belleza? Veo entonces que los antiguos sofistas tenían razón en defender el relativismo. -----Le digo en un tono tan suave, que lo utilizo de pretexto para mantener una distancia más corta entre los dos.

El joven se mantiene alerta a todos mis movimientos, sus ojos danzan al ritmo de los míos. Se desorbitan un poco al estudiar la estructura de mis ojos: similares a los de los lobos. Su respiración se agita de forma paulatina. Mantiene sus brazos cruzados… Ya no hay ruido, sólo su corazón y su respiración es lo único perceptible. ¡Qué delicia ver su piel iluminada por el sol! Una piel tan tersa, mucho más delicada que todas esas telas de oriente, famosas por sus texturas. ¡No son nada en comparación de esta creación de Afrodita! Su corazón toma un poco de aceleración…Elude mi mirada, se torna cabizbajo. Presiono su mano con la mía sobre el muro. Advierte mi fuerza grotesca, e intenta escapar. No obstante, nos volvemos a topar frente a frente. Así es, así debe ser, sométete a mí, Ariel. No hay nadie más a tu alrededor. Lo único que existe, es esta aura que hemos creado tú y yo. No temas, no voy a dañarte. Nunca te dañaría. Quiero tenerte más cerca de lo que estamos, sin embargo, no puedes devorar la carne sin prepararla…Eso es de bestias, por eso, debo conocerte, debo tener todo contacto con tu ser. La carne es el motivo por el que los hombres buscan la lujuria. Y quienes no saben controlarse, se vuelven irracionales. Yo sé controlar mis instintos y mis pasiones, desconozco que tanto dominio tú posees sobre los tuyos. ¡Mírame, Ariel, mírame! Esas preciosas perlas marinas me vuelven tu esclavo, y prisionero de mi propio deseo. Sólo quiero poseer tu espíritu y tu cuerpo. ¿Qué ser no se sentiría privilegiado de ser poseído por alguien que sólo busca un bien? Y un bien mutuo, tú y yo, para ti y para mí. Quiero entregarte al mundo del placer y de la seducción. Verás que una vez te adentres a sus jugosas habitaciones, jamás querrás salir. Se convertirá en una pasión inteligible y material a la vez, porque te daré mi cuerpo, y tú, me darás el tuyo…Esta aura no puede materializarse como ese muro o como esa mesa, empero, puedes sentir cómo rodea todo tu cuerpo y tu ser. ¡Advierte cómo recorre cada poro de tu piel! ¡Siente ese cosquilleo pícaro que asciende desde tu sexo y se dispersa como la lluvia, por todas tus venas y más! Eso es, siéntelo, siéntelo, siente todo esto, Ariel…Estás excitando de uno en uno, mis sentidos, los estás poseyendo…Cierra los ojos, descubre tu cuello…Libera tus gemidos, pues el aura está surtiendo efecto…Quiero tocar esos labios tan exquisitos, sangrarlos un poco y que emane la sangre, como el vino sobre una copa: tan penetrante y delicada…

El encanto acaba, lo efímero por más que uno intente aproximarlo a la eternidad, el tiempo lo consume, pues éste es la definición de exactitud y fenecimiento.

Monseiur Montagne se aproxima, he escuchado sus pasos…Encontrarme en estas condiciones con su hijo, me convertiría en su enemigo.

Ariel continúa mirándome con la influencia del aura, aún no tiene control sobre sí mismo. Ni siquiera ha recuperado el ritmo de su respiración. Parece un sonámbulo…

----Disculpe Monsieur… ¿Ariel? ¿Qué sucede? -----Pregunta Montagne algo sorprendido.

----Nada, padre. Yo, charlaba con Monsieur Feroas sobre la música…-----Responde el joven con la mirada perdida.

----Perdone esto Monsieur, mi hijo esta embelesado con la música, algo que no apruebo cuando hay falta de talento. ------Continúa Montagne

-----Descuide. El joven tiene la ilusión de ejercer la carrera de músico. Es bueno escuchar los deseos de los jóvenes. -----Contesto con afabilidad.

Montagne le ordena que abandone la sala. Ariel apenas puede controlar sus movimientos. Lleva sus mechones a un lado, y camina con vacilo, el aura es todavía muy fuerte. Montagne no le presta atención y me pide continuar con el motivo de mi visita, a petición de él.

-----Por favor, cierra la puerta.----Pide Montagne desde el fondo de la habitación.

Antes de la partida del joven, advierto cómo su mirada se ha clavado en mí. Me vuelvo lentamente: No sé qué eres, pero todos los vicios podrían ser usted… Lo mejor será, mantenerme alejado de usted, Feroas… Leo las palabras de su mente.

¿Alejarme? Mientras más eludas el aura, más atractivo te vuelves, Ariel…


Última edición por KenshinCroft el Mar Sep 01, 2015 6:59 pm, editado 1 vez










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MiniFic Re: Las Tinieblas y las rosas

Mensaje por KenshinCroft el Sáb Jun 13, 2015 10:18 pm


Capítulo III

Las nubes no son sólidas

Más lejos es la distancia del deseo, más fuerte es la atracción. ¡Terrible atracción! Se vuelve poderosa, de tal manera que domina los sentidos y sólo busca saciarse. ¿Y acaso esto no será una obsesión? ¿O es una necesidad? ¿Se puede vivir sin atender ese deseo? Desde luego que es algo contingente, no es la razón de la existencia, un solo deseo. No obstante, la tremenda magnitud que posee en cada vena, en cada pensamiento de un ser, enajena el buen juicio y entonces debe, forzosamente, consumarse. ¡Sí, consumarlo, de lo contrario, ese deseo se acumulará en cantidades horrorosas y enfermará al desdichado que lo lleve en el alma!
Así el joven Ariel, a quien pude poseer por unos instantes, aquella mañana, en la oficina de Monsieur Montagne… Su piel era tan tersa, que parecía que de un momento a otro, podía rasgarla. Contemplar su bellísimo rostro, obra de Afrodita, con los ojos cerrados, fue una de las escenas más sublimes que pude presenciar. No obstante, aún no era tiempo de saborear sus carnes, era terrible la tentación, pero la espera vuelve más deliciosos los encantos.

Por el momento, debo atenerme a los pretextos y tener derecho de verlo…No hay otra razón más fuerte para verlo. ¿No hay otra razón de fuerza mayor? ¡Por supuesto que la hay! Sólo necesito verlo, tenerlo, poseerlo, no dejarlo ir… No sé por qué voy tan lejos, ni siquiera he quebrado la gruesa y abrupta barrera que nos hace totalmente ajenos… La verdad no encuentro razón alguna para seguir con esto. Sí, hace un momento afirmé necesitarlo, pero, ¿de verdad lo necesito? No puedo evitar su rostro en mis pensamientos y percibir, al mismo tiempo, esa aroma tan delicada. Es joven, lo más seguro es que tenga 20 primaveras o un poco más. Los humanos se creen envejecidos a esta edad, empero, para mí, son tan frescos...

¡Maldita sea! ¡Cómo me he visto envuelto en todo esto! ¡Cómo, cómo! Ni siquiera su sangre me atrae, ¡cómo es posible! ¿De verdad estoy enamorado de una criatura tan joven? No hay manera de acercarme sin un porqué, no lo poseo, no es mío ni está conmigo. La única forma de justificar mi presencia ante él, es como he dicho: los pretextos, llamadas de Monsieur Montagne, cosas de negocios.
Es una situación realmente delicada, no deben saber sobre estos motivos míos, ni mucho menos, que el joven Ariel es la razón de este pesar y júbilo míos. ¿Cómo adueñarme de un hombrecito, a quien, su padre, y lo más seguro, ya le ha pactado un matrimonio? ¡Cómo dos hombres podrían amarse, igual a una mujer y a un hombre! ¡La iglesia lo excomulgaría, le daría muerte! ¿Y a mí? Conociendo sobre mí naturaleza, también ardería en el fuego… ¿Será todo esto un impedimento para poseer su esencia en mis pensamientos? ¿Será pecado dejarme llevar por toda la demencia que me evoca al pensar en él? ¿Quiénes son ellos para juzgar a una criatura como yo? Encabezan la institución más corrupta que hay sobre el mundo de los hombres, ¿tienen la licencia para juzgar estos sentimientos míos? ¡No, de ninguna manera! La elección es cuestión de cada ser, vivir así es una elección, y no permitiré que todas esas pamplinas me alejen del joven…
Pero, ¿qué tanto quiero poseerlo? ¡He dicho que todo, como la esencia a la materia!

Simplemente no sé por qué continúo con esta discusión… Me parece tan absurdo de mi parte, como si no comprendiera lo qué está sucediendo. ¡Es absurdo! ¡Es absurdo, una criatura cómo yo discutiendo algo que ya tiene respuesta!

Pronto llegaré a mi reunión con Monsieur Fontaine, el encargado de la decoración de los encargos de Monsieur Montagne. La tarde de ayer, Montagne me pidió que me entrevistará con su decorador, pues ha salido un encargo al que no pudo negarse y cuenta con mi ayuda. Empero, Fontaine es un hombre tan detallista y delicado como una mujer, pero tan confiable igual al silencio de una tumba. Reitero, el encargo es de suma importancia, se trata de su majestad y un favor para el rey es vital. Concuerdo, no puedo eludir una oportunidad de este nivel…Pero hay una razón mayor que ha estado resonando con la fuerza para cegar mis sentidos; el joven Ariel. No estoy seguro de verlo hoy, sin embargo, tener el pretexto de trabajar para su padre, es el único medio para calmar este frenesí.

----- ¡Hemos llegado, Monsieur! ----- afirma Luka

Desciendo de mi diligencia, ya me esperan mayordomos de Monsieur Fontaine. No cabe duda que su reputación se edifica en su enorme mansión, pero descubrir los interiores es asunto de mayor relevancia.
Nos adentramos a los pasillos del edificio. Tienen un toque más acogedor que en la mansión de Monsieur Montagne.

----- ¡Aquí es Monsieur! ------ Me indica el mayordomo al mismo tiempo que abre las puertas de la sala.

Del lado izquierdo, yace de pie una figura esbelta, mirando hacia un ventanal, es Monsieur Fontaine. Se mantiene en esa misma posición hasta que nos topamos con él.

----- ¡Bienvenue, Monsieur! ----- hace un ademán.

Fontaine es digno de poseer una belleza exquisita, tiene porte y parece algo seductor con esas piedras grisáceas en sus ojos. Su cabellera es larga y oscura como los pastos bajo los árboles en los bosques nocturnos; y su mostacho le hace ver muy encantador junto a su sonrisa.

----- Es un honor conocerle. ---- Me extiende su mano. ----- Por favor, tome asiento. ----- Cruza su pierna izquierda sobre la derecha.

----- El placer es todo mío. ----- le respondo.

----- Perdonara mi osadía, pero realmente las descripciones sobre su aspecto, Mon Cher, se quedan pobres, vacías… Contemplarlo frente a frente, es toda una oportunidad.---- Se pasa un cabello detrás de su oreja.

----- Le agradezco el cumplido. ----- Sonrío ligeramente.

----- Bueno… pasemos a los negocios. ---- Hace una seña a su servidumbre. ----- Como sabrá, soy empleado de Monsieur Montagne desde hace unos años. Me dedico a la decoración de los interiores. Un tarea que requiere mucho estudio, y minucioso, para crear una atmósfera agradable… No, sublime es la palabra. El interior de cada hogar, mansión, palacio, refleja parte del alma de quienes habitan esos espacios. Lo digo por los colores, estampados y detalles que piden. Sin duda, y no podrá encontrarme en el error, esas solicitudes van muy apegadas a la personalidad de los futuros dueños de esos interiores. ¿Verdad? ----- Le interrumpe la servidumbre con una bandeja dorada, y dos tazas de té muy finas. ----- Espero que el té sea de su agrado. Este lo conseguí de Oriente, té de naranja. ----- Dio un sorbo a su infusión.

------ Merci, Monsieur…. No suelo beber té.

----- ¡Cómo! ¿Entonces le ofrezco otra bebida? ----- pregunta asombrado.

----- No, no se moleste…. Déjelo así. ----- Sonrío a secas.

----- Curioso… Le confieso que está torturándome, no lo digo por su negativa, sino, porque me es incómodo beber o comer frente a alguien que se ha retractado hacerlo. Seré solidario. ----- Deja su taza y le ordena a su sirvienta que se retire. ---- Creo que así conversaremos mejor.

----- Como usted prefiera. ---- me cruzo de brazos.

----- Bien… Nuestro cliente esta vez, es nuestra majestad, y su encargo no debe tener ningún detalle, debe ser perfecto, digno de nuestro esfuerzo. ----- Apoya su mano izquierda en su pómulo del mismo lado, y sujeta con su diestra, su antebrazo izquierdo. ----- Pero en todas partes de Europa, se habla tan bien de sus telas, por lo tanto, el encargo de nuestra majestad no será ningún inconveniente, ¿cierto?

----- ¿Pero cuál es el encargo? ----- reposo mis antebrazos sobre las coderas de la silla.

----- Decorar el nuevo palacio del soberano… Monsieur Montagne fue el encargado de su diseño y construcción. ¡Es toda una maravilla! Pronto lo conocerá. ------ Afina su voz. ----- Nosotros, Mon Cher, nos encargaremos, como señalé antes, de la decoración. Necesito las telas más finas que pueda encontrar, preferentemente, que sean de seda, dignas de un palacio real. Se lucirán en las paredes, en los ventanales, en los sillones, divanes, en todas partes. ----- Subraya mientras escenifica con sus manos.

------ Entiendo. Por supuesto, cuento con esas telas. Sólo necesito que me especifique el aspecto de éstas…

Monsieur Fontaine está ensimismado, está observándome, ha dejado de prestarme atención… ¿Qué le ocurre? Sus dos piedras grisáceas están insertadas sobre mis dos zafiros… ¿Sospechará de mi naturaleza? ¿Sabrá algo de mí? ¿Monsieur Montagne le habrá dicho algo? Dibuja una sonrisa de esencia pícara…

----- Discúlpeme... Yo, jamás había contemplado una belleza como la suya. Es como si proviniera de los deseos más pintorescos del placer. ----- dice con la mirada perdida.

----- ¿Se encuentra bien?

----- Por supuesto Mon Cher, le reitero, que estoy enajenado… Una belleza como la suya es toda una oportunidad. Dígame, ¿de dónde es usted? ---- Apoya su codo izquierdo sobre su pierna.

----- De Irlanda…

----- ¡Ah, que fríos vientos los de ese lugar! ----- Entrecierra los ojos. ----- ¿Cómo un ser tan hermoso pudo sobrevivir en ese lugar?

----- La gente se aclimata en la región que ha elegido cómo su hogar. ----- le respondo algo molesto.

----- Pues no sé cómo el cielo ha perdonado mis pecados, enviándome a un ser tan celestial… ----- Muerde su labio inferior.

----- ¿Celestial? No Monsieur, las criaturas de este mundo son todo, menos eso. ----- le sonrío.

------ ¿Por qué hablas así? ¡Oh, bello ser! Alguien como usted, debe estar dotado de puro bien, de palabras dulces y dominio total sobre los seres menos agraciados. ----- continúa con sus ojos prensados, ahora, en mis labios.

----- Monsieur, le pido que retomemos nuestra charla…

----- ¿Por qué?

----- Mis motivos de estar frente a usted no son otros más que las peticiones de Monseiur Montagne. ----- Subrayo.

----- ¡Ah, Mon Cher! ¿Es así, tan rígido? ----- levanta su ceja derecha.

Fontaine se pone de pie sin dejar de incrustar sus piedras sobre mis zafiros. Camina con la delicadeza de un felino, con el mero propósito de seducirme. Yo, también le desafío con la mirada, empero, dejándole ver mis intenciones, que por supuesto, son totalmente opuestas a las suyas. Frente a mí, apoya sus manos sobre las mías, tratando de poseer mi buen juicio. Aproxima sus labios hacia los míos, los roza y los humedece un poco, sin dejar de clavarme sus piedras grisáceas.

---- ¡Oh, mon amour! ---- Dice en voz baja. ----- ¿Estás seguro de mantener encriptadas tus intenciones? Advierto esa hostilidad.

----- Monsieur… Por favor, absténganse de este comportamiento, no avanzará más. ----- Insisto. ------ ¿Va a desperdiciar su oportunidad de trabajar para su majestad, por este desatino suyo? ----- cuestiono con ironía.

----- Al contrario, mon amour, si nos unimos, los encargos se volverán más sólidos, fuertes y necesarios… ----- Añade.

----- ¡Está loco! ----- Respondo y me incorporo de golpe. ----- He entendido su pedido, tendrá las telas. ----- Espeto.

Me dirijo con determinación hacia la salida, no obstante, Fontaine me corta el paso con su brazo derecho.

----- ¿Qué sucede con usted? ----- Exige saber.

----- ¿Qué sucede? ¡Monsieur, he sido bastante claro! ¿Qué no me delata mi proceder? ----- Alzo la voz.

------ Monsieur… La noche en que se entrevistó con Montagne, advertí cómo se quedó perplejo al ver a Monsieur Ariel. Sé en cuál sendero va. Y la violencia de mis emociones, ahora, se deben a que lo encuentro hermoso. Aquella noche sólo contemplé su figura, pero hoy, he podido descubrir todo el monumento con que fue consagrado… -----. Suelta una risilla. ----- ¿Usted cree que podrá tener a Monseiur Ariel? Su padre ya ha aceptado la mano de Madame Cartens, una inglesa de la que dicen, es digna de estar con ese joven, pues su belleza se encuentra en los niveles más prestigiados que ni las constelaciones describen, que pareciera eclipsar todo el buen juicio de un caballero, le hace perder la razón.

------ Intenta cambiar mi parecer con sus embustes.----- Le respondo molesto.

------ No son embustes… Lo he escuchado de su madre. ------ Relaja su brazo derecho. ----- Monsieur Montagne jamás aprobará esto, y bien lo sabe usted. Ambos, Mon cher, conocemos el repudio de esta sociedad sobre asuntos contra natura. ------ Hace una pausa. ------ Si alguien advierte un ligero comportamiento de esta índole, nos excomulgarán y nos ejecutarán… A menos que nuestra estancia en las sombras confunda el juicio de los demás, en especial a los del sacerdocio, las aves de rapiña más ladinas que usted pueda encontrar. ----- Acentúa. ------ Sin embargo, mi bello amigo, si usted permanece a mi lado, le juro que nadie sospechará, nadie le mirará con suspicacia y ni le hará falsos argumentos.

------ Entiendo a dónde quiere llegar, Monseiur… Pero me ha tentado la curiosidad sobre Madame Cartens. Si ya han aceptado su mano, ¿por qué no ha contraído nupcias con Monseiur Ariel? ----- Pregunto en tono suave.

------ La pobre tiene una materia endeble, ha enfermado desde hace unos años. Pero Monsieur Montagne ha sido tan noble, o muy interesado, en mantener la espera de que su hijo contraiga matrimonio con ella… Madame Cartens es hija de un célebre comerciante inglés, Lord Quincey Cartens. Si este matrimonio llega a consumarse, ambas familias se beneficiarán.

------ Pero, Monseiur Ariel no tiene una posición social, ¿cómo…?

------ Su padre le ha dejado una generosa herencia. Lo más seguro es que el joven tome los pasos de Monseiur Montagne, no tiene opción. ----- Se cruza de brazos. ------- Tal vez los preparativos para la boda comenzarán en las próximas semanas; Madame Cartens ha escrito una misiva donde hace alarde de la buena salud que goza. ------- Acerca su nariz a la mía. ----- Y lo más probable es que usted sea invitado y presencie la unión de dos enamorados bajo la mano de Dios.

------ ¡Cómo dice! ----- Dejo caer con fuerza, mi mano izquierda sobre la puerta.

------ ¡Resígnese, Feroas, él no será para usted! Pierde su tiempo. ------ Me sonríe de forma seductora. ----- Y ambos sabemos lo preciado qué es el tiempo.

------ ¡Por favor, usted se confunde! Está juzgándome… Me retiro. ------ Salgo de manera abrupta de la habitación.

¡Qué legua tan osada! ¡Cómo se atreve! … El cuerpo humano es tan deleitable, ya sea de una mujer, ya sea de un hombre. ¡Y lo es más cuándo la bendita sangre humedece mis carnes, y las de mis víctimas!
Me encoleriza que haya descifrado la razón de mi proceder con el joven Ariel. Se supone que el silencio no dice nada, empero, tiene mayor resonancia que cualquier otro discurso.

Ahora tengo que modificar todos mis planes, actuar con más discreción, enmudecer mis pasiones que son tan reacias y se liberan con el ímpetu de una bestia hambrienta, cuando lo miran a él; quieren devorar con sus fauces al joven Ariel y prensarlo a mi espíritu.

No obstante, hay todavía esperanza… Bien le dije a las perlas marinas que mientras más rechazara el aura, más atractivo se volvía. Sí, eso voy aprovechar. Si me muestro hermético frente a Monsieur Ariel, estoy seguro que no dudara en tratar de buscarme. Estoy convencido que luego de haber sido enfundado en los umbrales del placer, en aquel encuentro en la oficina de Monsieur Montagne; la frialdad de mi proceder, que manifestaré cuando lo vea, alimentará su curiosidad y, querrá indagar en las tinieblas para luego toparse con dóciles rosas, que por supuesto, enredaré por todo su cuerpo y fundiré su alma con la mía. Los brazos de las rosas estrujarán su alma… Me alimentaré de ella, y así, te provocaré, te entregarás a mí, Ariel.










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MiniFic Re: Las Tinieblas y las rosas

Mensaje por KenshinCroft el Mar Nov 17, 2015 10:14 pm

Capítulo IV

El lenguaje de los ojos


Hace semanas que no mantengo contacto con Monsieur Montagne, ni con Monsieur Fontaine… Tampoco sé nada sobre Ariel. He estado aguardando por la llegada de las telas que mandé pedir desde Estambul. La última vez que me entrevisté con Monsieur Montagne, había acordado sobre la entrega de las telas, las más finas y caras que pudieran ser. “Su majestad, no espera menos”, subrayó Montagne.

El sol aún no decora las tierras, el viento se mantiene fresco y una que otra criaturilla, ha despertado, confundiéndose entre las malezas del bosque. ¿Cuántos siglos? ¿Cuántos siglos observando estas tierras? No han cambiado, sólo se han reducido. Los humanos continúan buscando el fin de su destino, algo que encuentro imposible que puedan resolver como lo hacen con sus leyes.

--¿Por qué estás aquí? ¿Qué meditas?—me interrumpe una voz.

Al volverme, doy fe que se trata de Jeanice, una mujer de mi estirpe; hace más de cien años que vive conmigo. Es la más cercana a mí, pues siempre se ha mostrado muy interesada en mí. Podría decir que también me protege. Nunca ha desviado mis órdenes, es la más fiel de todos. Ha sido enaltecida con una belleza única; por supuesto que eso ha cambiado desde que Ariel se prendió a mí. Su piel, ligeramente más suave que el color caoba, fina y sedosa; ornamentada con verde fresco en sus ojos, y una figura bien esculpida, la vuelven sumamente hermosa. ¡Oh, el toque final! Su voz, grave y dócil, con un matiz delicioso cuando termina de pronunciar las palabras.

--Ma’Cherie… Hoy debo visitar a un buen amigo mío. –le respondo mientras recupero la vista al panorama.

--¿Es ese tal Montagne?

--Así es.

--He escuchado que es muy meticuloso en asuntos de negocios. Creo que le estás simpatizando. –se cruza de brazos y reposa su cabeza en mi hombro.

--Tiene una reputación, es evidente que debe velar por ella.

--¿Por qué siento que estás cada vez más lejos? –suspira

--No sé a qué te refieres. –-continúo sereno.

--Ya no duermes conmigo, ya no sonríes como antes, ya no me tocas. –retoma su posición, buscando mi mirada.

--No sé a qué ha venido eso… Te dije que iba a estar muy ocupado. –le respondo de mala gana. –No es algo que deba tenerte así.

--Pues no eres el mismo. Has descuidado tu clan… Hace días dieron caza a uno de los neófitos. Lo decapitaron. —Contesta con autoría.--¡Cómo puedes mantenerte así, tan sereno!

--He advertido antes que los neófitos quedan bajo tu custodia, y, por lo tanto, debes hacerles saber las dificultades que presentan en esta etapa. –recalco

--¡Cómo! ¡Tú siempre estabas atento a los neófitos! ¿Qué está pasándote?—Golpea mi pecho. –Esto es totalmente reprobable. ¿Qué capta ahora tu atención? Prefieres esquivar tu responsabilidad.

Ese reclamo ha avivado mi cólera, ¡qué estúpida osadía para decir semejante locura! La sujeto de su muñeca con tal vehemencia, que puedo ver el miedo danzando en sus ojos. Su respiración se vuelve notoria.

--Mis responsabilidades las conozco bien. ¡He dicho que me encuentro enfocado en este asunto, lo menos que podrías hacer es cumplir con tu parte! ¿Entiendes? –le grito.

Libero su muñeca con fuerza, casi cae al suelo. También le dirijo una aguda mirada, sometiéndola. Recupera la cordura luego de unos minutos.

--¿Cómo es ella? –pregunta

Eludo sus ojos y salgo de inmediato de la alcoba. No dispondría de más tiempo en una conversación sin salida. Además, no me atrevo a confesarle mi nueva motivación. Es imposible. Ella no lo entendería. La conozco, sé que estudiará mi proceder hasta dar con él…Jeanice había sido mi pareja por largo tiempo, sin embargo, mi atención ha dejado de perseguirla. Ella mostró mayor cuidado por otro de nuestro clan. La he dejado tranquila. Afortunadamente, todos mis sentidos han despertado por el joven Ariel, y esta vez no se rendirán. Sus siembras se han vuelto tan firmes, igual a los montes, que se mantienen aferrados, sin manifestar vulnerabilidad alguna.

--Monsieur, su pedido ha llegado. -–me detiene Fabien, un mayordomo.

Le ordeno que las lleve al vestíbulo, lo más pronto posible. ¡No sé cómo, pero este cadáver ha cobrado vitalidad! Al enterarme sobre la entrega de telas, mi corazón adquiere un impacto tremendo, domina mis pensamientos… Ver a Montagne es tener el sublime aspecto de Ariel frente a mí. ¡Cómo he podido entrar en júbilo, igual a los chiquillos que encuentran el tesoro del arcoíris! Es una efusividad tan vibrante, es imposible esconder o disimular lo feliz que me encuentro. Mis manos también vibran, quiero ver al joven. ¡No puedo evitar esta sonrisa! ¿Esbozar una sonrisa, luego de la muerte?

Ya en condiciones, me dirijo con presteza hacia el vestíbulo. Las telas son realmente cómo las imaginé: finas y con estampados orientales, figuras enroscadas, liberando flores y formas similares. No obstante, los estampados son muy suaves, no alteran la textura ni color de las telas. Telas carmesí. Algo totalmente digno de un palacio. Tengo que entrevistarme con Monsieur Montagne, ¡de inmediato!

Ordeno a Luka que prepare el carruaje, debemos partir enseguida. Mis sirvientas se apresuran a vestirme, no puedo esperar ni un momento más.

--¿Cuál es la prisa, querido?—Aparece de nuevo Jeanice, con un airecillo de mofa. —Pensé que Monsieur Montagne era un hombre, ¿o se trata de lo contrario?

--Es importante hacer entrega de estas telas. Es un trabajo. —le respondo sin mirarla.

--¿Ya te presentó a sus hijas? ¿Por eso te preocupas en tu apariencia?—Se encoje de hombros.

Eludo sus incisivas palabras, acompañadas de una mirada agria. ¡Qué repugnante! Continúa lanzándome injurias hasta llegar casi a la salida de la mansión. Su voz se ha alterado. La voz de un vampiro tiene un alcance mucho mayor que la de un humano; se trata de una potencia realmente admirable, es más fina y no se confunde en la amplitud de cualquier lugar. Al menos, un oído de nuestra naturaleza, puede percibirla a kilómetros. Peor se vuelve, si la distancia es muy corta.

--¡Basta! —Detengo en seco a Jeanice. — ¡Basta!—Repito en voz baja. —Tengo que reunirme con Monsieur Montagne, es importante entregar este pedido. Concluirlo. Tú misma hace un momento habías dicho que se trataba de una persona meticulosa en sus asuntos, razón por la cual, debo manifestar la formalidad de mi negocio y de mi persona. No hay nadie más, el único motivo de la presteza de todo esto, es ese: culminar esto.

--No puedes engañarme, Feroas. No es sólo el pedido. —Me responde acentuando cada una de sus palabras. —Lo más probable, es que se trate de un humano. ¿Ya te aburriste de mí?

Termino la conversación con una sonrisa. El tiempo, por primera vez, me consume, ¡cómo detenerme ahora! Sé que ella pronto lo descubrirá, siempre ha sido muy aguda para encontrar la punta del enredo de las mentiras. Por el momento, no mostraré ninguna señal sobre él…

Durante el trayecto, me es imposible esconder toda la efusividad al recorrer este sendero. Es el único que me dirige hacia él, los demás, son opciones, parte de las vivencia que se eligen por diferentes motivos. Empero, este camino, envuelto en la serenidad del bosque, así como en su magnificencia, libera en mí toda la gracia de Ariel. Provocándome un terrible júbilo que no puedo evitar relacionar con la inmensidad de este bosque. Incluso, me es posible evocar su aroma, el dulce aroma de Ariel. ¿Cómo se puede lograr algo así? He intentado convencerme de lo infantil que me es encontrarme en este estado. Me remonta a esa vida enjaulada en el tiempo y las interrogantes, en aquella inocencia que promete materializar las imaginaciones y hacernos realmente felices… Sin duda, se trata de un poderoso hechizo. Ni siquiera una criatura de mi condición, ha podido evadirlo.

Hemos llegado. ¡Qué corto ha sido esta vez! Los pensamientos arrebatan al tiempo mismo, el don de la continuidad. Al descender de la diligencia, se aproximan a mí, los sirvientes de la mansión Montagne.

--¡Buen día, Monsieur!—Me recibe de pronto Monsieur Fontaine.

--Buen día. —Le saludo a secas.

--¡Ah, veo que ha traído las telas!—Se dirige hacia la parte trasera de la diligencia, uno de los sirvientes trae un rollo de la tela estampada. –Lo felicito, ha cumplido con su trabajo. Estoy seguro que la calidad de las telas superara las expectativas de Monsieur Montagne. —Termina con una sonrisa juguetona.

--Así es, Monsieur, el plazo se cumplió dentro de lo acordado. —Le respondo.

--Pueden adelantarse, lleven las telas a la oficina de Monsieur Montagne. —Se dirige a la servidumbre. —Amigo mío, me alegra verle. —Se acerca a mí, tratando de acorralarme detrás de la diligencia. — ¿Qué ha pensado de mí propuesta?—Intenta cerrar el diálogo con un beso, pero le esquivo.

--Monsieur, tal vez su trabajo le nubla el buen juicio, pero le reitero que decliné su oferta.

Se retira con una mueca que deja ver cómo sus acciones le obran mal, y cómo su aura se torna agridulce en un santiamén. Me indica que lo siga sin dirigirme la mirada. Durante el trayecto me explica que lamentablemente Monsieur Montagne tuvo que partir de urgencia a Londres, uno de sus negocios no marcha según sus planes, al parecer, alguien de sus manos de confianza, quiere quedarse al mando. Por ende, no podrá recibirme.

--Sin embargo, no debe desconfiar de su buen gusto de elección. Su exigencia, está a la altura de los caprichos de cualquier disparate que solicite el espíritu más minucioso. —Continúa sin dirigirme la mirada. Camina erguido, jugando ligeramente con su andar. Yo no manifiesto ningún tipo de atracción, su proceder es repulsivo. Quisiera despojarme de todo mi buen juicio y estrujarlo ahora mismo, no obstante, mi condición y por supuesto, los halagos de Monsieur Montagne, que han esculpido mi presencia como una verdadera obra de arte, en las mentes de cada alma de este su hogar, es evidente el cuidado que debo mantener sobre mi reputación, y mucho más, tratándose de un ser de mi naturaleza.

Finalmente, nos hallamos frente a la oficina de Monsieur Montagne. Antes de solicitar a la puerta, Fontaine se vuelve hacía a mí, levantando su comisura derecha en la misma dirección. Luego, se cruza de brazos.

--Feroas… Realmente cumple con su palabra. Aquella vez, Monsieur Montagne me subrayó que usted no pasaría del tiempo acordado, tres meses. En efecto, ha llegado con sus telas en un buen récord, diría yo. —Baja la mirada, revisando sus pies. Después, retoma la conversación, penetrando sus ojos en los míos, queriendo dar un toque de sumisión. —Usted no es ordinario, puedo asegurarlo, un ser como usted… debemos tener mucha suerte. No hay un gran número de individuos de su naturaleza: gallardía y honestidad…

--Es mejor ahorrarse sus palabras, Fontaine, he cumplido y su confianza está garantizada conmigo. —le interrumpo. —Debemos dejar este encargo ahora mismo, aquí, en la oficina de Montagne.

Termino con un airecillo de mofa, acompañado de una sonrisa que enardece a Fontaine, siendo otra mi intención, sin embargo, los deseos de Fontaine lo interpretan de ese modo. Me adelanto y llamo a la puerta. Quien atiende, es la hermosa Madame Monique. Se sobresalta al impactar sus exquisitas perlas zafiro sobre mis ojos, de los que libero un brillante color azul, una tonalidad más alta que el zafiro.

--¡Oh, Monsieur Feroas!—Responde algo asustada, toca su pecho y recupera la posición. —Me da gusto verle. —Se vuelve hacia Fontaine. —Monsieur, por favor, adelante. Lamento que mi esposo no pueda recibirles en este momento. —Dice mientras se abre paso en la amplia oficina de Montagne. —Encuentro placentero este lugar para leer. —Agrega con una sonrisa, al tiempo, que se toma de las manos, sacando provecho del voluminoso escote blanquecino, tanto, que la luz del sol se mezcla en sus blandos senos.

--Descuide Madame. —Le respondo. Me acerco a ella para tomar su mano, y besarla. — ¡Qué encantador es contemplar su belleza, nada comparada con los rayos del sol ni con la inmensidad del bosque! Su gracia, la descubrirían entre todo ese paisaje, siendo usted, el mismo paisaje. Disculpe mi atrevimiento, si esto lo encuentra inapropiado.

Madame Monique queda perpleja, no responde de inmediato. Tiene los ojos desorbitados, parece que la respiración se le ha cortado. Las cejas están levantadas, no puede dar crédito a un elogio como el mío. Su nariz esculpida en las proporciones adecuadas, no puede evitarme recordar a Ariel; la belleza de ese joven, se ha perfeccionado en él, pues el origen de su delicadeza, proviene de Madame Monique. Sus rizos carmesí, absorben la luz del sol, convirtiéndolos en un verdadero juego de luces, parece de pronto, encenderse en un bellísimo fuego. Sus labios rosados, son una copia… No, no puede tratarse de una simple copia, recuerdan a los labios de Ariel, empero, la precisión de sus labios supera a los de Madame Monique. No sé cómo, pero no puedo estar equivocado.

--Madame, Madame Monique. —Interviene Fontaine. —Disculpe, debemos dejar el encargo aquí. De este modo…

--¡Madre mía! Nunca antes me habían dicho unas palabras como las suyas, Monsieur Feroas. Ha recibido una educación que de verdad… ¡Estoy ruborizada! Puedo sentirlo… Discúlpeme usted a mí, yo…--Cubre con su pequeña mano, sus rosados labios.

--Eso significa que mis palabras, sin duda, han caído bien. —le respondo con un tono dulce. Proceder, que irrita, sin disimulación alguna, a Fontaine.

--Sí, sí… Gracias… Yo… Disculpe, Monsieur Fontaine, ¿qué dijo?—Pregunta intentado eludir su rubor y el júbilo que mis palabras le han inyectado en sus carnes.

--El encargo de Monsieur Feroas…--hace una pausa Fontaine, apenas y contiene su cólera. —Debemos dejarlo aquí.

Madame Monique asiente, aún bajo el aura de menor impacto que la de Ariel. Ese día, dominé al joven con un poderoso deseo; si la pobre recibiera la imponente atracción que dejé sobre Ariel, estaría dominada por la locura y se me entregaría sin ninguna excusa. Puedo percibir cómo su temperatura ha incrementado, está ascendiendo desde sus tobillos, envolviéndolos… Cuando llegue a su sexo, toda su flor arderá de una manera tan pronunciada, que no podrá eludirlo ni disimularlo. Sus labios comenzarán a abrirse, a volverse más voluminosos y liberarán pequeños gemidos; sus pupilas se dilatarán… Advertirá cómo su propio calor juega en su cuello, haciéndola temblar por desquitar su frenesí con el primer ser que tenga enfrente. Ha cerrado sus ojos, el deseo está apoderándose de ella. Es imposible detenerlo, cuando se trata del placer carnal, nada puede acabar con el, sólo la consumación.
Sus labios han comenzado a liberar agitaciones, pronto su voz se tornará realmente deliciosa. Fontaine no advierte nada, está totalmente sumergido en sus palabras sobre lo relevante del encargo, la belleza de las telas y dirigirme una que otra mirada pícara.
La pobre Madame, no puede con este sutil jueguito de energía y atracción, se ha dejado caer sobre una silla. Tiene su frente cubierta con su mano derecha, intenta frenarlo. Su pecho ha adquirido un volumen mayor, pues su respiración arde…
De pronto, las enormes puertas de la oficina se abren. La lujuria que invade a Madame Monique desaparece, toda mi atención se encuentra en él, Ariel. Me es imposible manifestar mi regocijo, soy un esclavo, no puedo esquivar el poderoso efecto de su presencia sobre mi cadáver. ¡Qué clase de hechicería puede reavivar a un muerto en segundos, sin ningún conjuro dicho, tan sólo con la mera aparición!

--¡Ariel!—Dice de golpe Madame Monique, incorporándose con vehemencia, y con un ligero rubor sobre sus mejillas. — ¡Ariel! Ariel debes llamar a la puerta, querido. —Continúa la Madame, con torpeza en sus palabras.

Sus potentes zafiros se vuelven hacía a mí, irradiando toda clase de sensaciones, la más fuerte, el deseo de hacerlo mío. De tenerlo a bajo mis órdenes. Empero, su rostro denota temor y odio. Hace una pequeña mueca, mira a la izquierda y desaparece.

--¡Niño insolente!—Reprende Madame Monique, quien lo sigue, pero la detengo antes de pisar la entrada.

--Déjelo, Madame. Está bien.

--¡Cómo va a estar bien! Debe mostrar educación. Sólo irrumpe. —Acomoda su chalet. —Monsieur, disculpe este desaire. Es fácil a su edad cometer un acto así.

--Descuide. Bien, de todos modos he cumplido. Ya debo retirarme. —Hago una reverencia y me dirijo a la salida. Sin embargo, Madame Monique me corta el paso.

--Monsieur, permítame reparar esta falta. —Hace una pausa para pedirle a Fontaine que abandone la sala. Aquel, obedece con la hipocresía de hacerlo con afabilidad. Continúa su charla conmigo. —Monsieur, hoy se dará un baile de máscaras en casa de una amiga…

--¿Un Baile?—la cuestiono.

--Sí, Feroas, un baile. Mi amiga cumple años…Le gusta divertirse. Por favor, acepte la invitación. —Fija sus ojos en los míos.

--Pero Madame, no sé qué tan apropiado sea asistir sin Monsieur Montagne.

--Descuide, Feroas; yo asistiré con dos de mis damas, y con mis hijos…--Me sonríe. Antes de que me marche, anota en un papelillo, la dirección del baile de máscaras, acentuándome que por favor, no le quede mal, es importante que asista.

Sin más, doy por aceptada la invitación. Salgo de inmediato de la oficina… Ariel continúa eludiéndome, desde aquel encuentro. Se resiste a caer en mi dominio. He de confesar, que su oposición me enloquece, me provoca buscarle más. ¡Es cómo jugar a las escondidas! Yo también estoy jugando, querido. Me fascina estar jugando contigo. Puedo percibir su dulce perfume desde esta distancia. Estás caminando entre los arbustos. ¡Qué belleza poseen las criaturas cuando esquivan un alma que les admira! ¿Sentirán presión? ¿Acaso no se elogian unas a otras? Es como si un halago les ofendiera, sin cumplir en sí, la dicha de recibir uno. Por el momento, eres libre Ariel, juega con el viento y los arbustos, querido mío.


La noche ha llegado, faltan unos quince minutos para arribar al baile de máscaras. No obstante, siento la terrible necesidad de alimentarme. No puedo ignorar algo de tal relevancia. Si llegase en estas condiciones al baile, seguro mis instintos me dominarían… Cosa que debería ser asunto del pasado, pues a mi edad, el dominio de la sangre es menor, de hecho, la necesidad por beber de ese elixir se encuentra a nuestra merced. Tengo semanas sin probar ni una sola gota carmesí. Pero este desdichado cadáver me ruega, está implorándome, muere por su bello elixir. ¡Oh, preciado cadáver mío, cuántos años no hemos compartido todos estos senderos! ¿Será justo hacerte caso? Me parece que así es. Estás en lo correcto. Espera un poco más, pues a dónde iremos, la sangre brota como las risas de los niños, y corre con la potencia de los ríos. Sólo, espera un poco más.

El exquisito aroma ferroso acaricia mi aguda nariz. Sí, hay tantas almas estallando en risotadas, lujos, conversaciones y rumores; la sangre les recorre las venas a una velocidad… suculenta. Ser bañado en esas preciosas aguas, ser bañado en esas preciosas aguas. ¡Qué los cuerpos drenen su sangre, qué los cuerpos drenen su sangre, qué los cuerpos drenen su sangre! ¡No! Es suficiente. Le temen a lo que desconocen… Luka me interrumpe, el baile de máscaras ya está frente a nosotros.
Antes de abandonar la diligencia, me cubro el rostro con una máscara al estilo italiano, con pequeños plumajes rojos y negros, revestida en una oscura tela y encajes ligeramente más nítidos.

El Salón es muy amplio, reluce con los colores de todas las almas que lo habitan. A los costados, las ventanas dejan su brillo sobre los malabaristas y contorsionistas, quienes, se introducen también a la abundante mescolanza de colores.

En medio de los floridos y vivaces vestidos y trajes, se distingue la servidumbre, ataviada sólo en negro y con una careta blanca; sosteniendo las bandejas con aperitivos o bebidas. ¡Qué bendición el jugoso aroma de la sangre, cubierta en esos colores, en esas pieles pálidas y rebosantes de vitalidad! De pronto, Madame Monique aparece a mi izquierda, la reconozco por su delicado aroma.

--¡Oh, Monsieur Feroas! Ha venido. Le agradezco su presencia. —Extiende su mano, la cual recibo con un beso.

--Madame, al contrario, yo le agradezco su invitación. ¡Cuánta alegría no se respira en este momento!—Le respondo con una sonrisa.

--Así es, Monsieur. Mi amiga se ha dejado llevar por todos sus deseos, y helos aquí. —Me indica con ambas manos.

--Disculpe, Madame, pero estoy sorprendido de cómo dio conmigo.

--¡Ah, querido!—Cubre su voluminoso pecho con su mano derecha. —Usted es digno de un porte único. Tan sólo le vi aparecer frente a las puertas de este colosal salón, y supe que se trataba de usted. —Levanta su hombro izquierdo, en tono de coqueteo. —Aquí, mi buen amigo, encontrará mucha diversión. Es tan joven y negarse a los placeres tan temprano, no es nada recomendable. —Suelta una risilla. — ¡Oh por cierto! Espero no importunarlo. La primera vez que nos presentamos, no hubo un espacio adecuado para darle a conocer a mis hijas. —Hace una seña, dirigida para sus tres hermosas hijas, quienes se dejan venir algo vacilantes.—Ella es Aimeé, es la mayor, tiene 17 años; le fascina la ópera y la pintura; ella es Jacqueline, de 16 años, adora la poesía, ha escrito unos cuantos poemas; y por último, Cathérine, de 15 años, amante de la escritura. Por supuesto que todas están instruidas. —Cada una de ellas, conforme Madame Monique las presenta, hacen una reverencia y levantan con delicadeza sus máscaras, descubriendo sus hermosos rostros, tallados con la mayor precisión de la naturaleza. Respondo también con una reverencia, elogiando su digna belleza y sus talentos. Sé que la intención de Madame Monique no solo se queda en presentarme a sus hijas; no hay duda de que han sido dotas con una hermosura comparable a los mismos ángeles, y que pueden complacerme con sus charlas, talentos y bendecirme con su compañía, no obstante, me encuentro sumamente atraído por su hermano mayor, el bellísimo Ariel, a quien busco con la mirada.

--A propósito Madame, su hijo Ariel, ¿se encuentra ya inmerso en la vivacidad del ambiente?

--¡Ah, Ariel!—Responde un poco molesta. —Él está aquí. —Levanta el volumen de su voz para dirigirse a él, no obstante, hace caso omiso. Madame Monique refuerza su llamado y por fin, atiende. —Disculpe este comportamiento tan infantil. —Me sonríe.

Le insisto que no hay problema, los jóvenes a esa edad, sienten que el poder del mismo mundo, se encuentra a su voluntad. Empero, la terrible jovialidad que se enciende en un santiamén, al verlo caminar en nuestra dirección, manifiesta en mí un regocijo nada discreto. Ambos sostenemos la mirada, sus zafiros brillan desde esta distancia. Su andar es calmo, no obstante, con un ligero coqueteo. Su máscara entona con el color de sus ojos, un azul menos denso, su vestimenta tampoco rompe con la combinación, negro y medias blancas. Una vez cerca, me saluda con una pequeña reverencia. Yo le recibo de la misma manera.

--Me da gusto encontrarlo nuevamente, Monsieur Ariel. —Le recalco con una sonrisa, que deja ver un poco mis caninos.

--El gusto es mío Monsieur. —Responde en voz baja. —El juego ya no es divertido una vez que descubre la identidad de la máscara. —Agrega, contemplando al resto.

--De todas maneras, joven Ariel, yo lo hubiese encontrado sin preguntar su nombre. —Le respondo en un tono más dulce, mirándole de reojo.

Este proceder mío, parece incomodarle, pues me lanza un sonrisilla mientras agacha su mirada, y da golpecitos al suelo con la punta de su zapato. Madame Aimeé se acerca a mí, jugando con su abanico, aprovechando, también, por si fuera poco, el brillo café de sus ojos, haciéndolos pasar por un color miel gracias a la iluminación del lugar.

--Monsieur, ¿asiste a fiestas de este tipo?—Intenta romper el vergonzoso silencio.

--No Madame, con franqueza, no. Soy más hogareño, como viajo tanto, el encontrarme en casa, me hace sentir una verdadera paz. —Asiento lentamente.

--Interesante, Monsieur. —Dice agitando su abanico, sin energía. También, advierto un airecillo de rubor y decepción. Antes de retomar la charla, balbucea un poco. —Y…mmm… ¿Gusta del baile o sólo prefiere mirar y charlar?

--Prefiero la charla, así conocemos a las personas, ¿no cree?—Le contesto con una mueca, que no es más que un seña de hastío.

La pobre está sufriendo. Para amainar este bochornoso ambiente, agita con más fuerza el abanico, como intentado disipar el rubor de sus mejillas.
Ariel permanece callado, inerte, parece una estatua que decora el salón. El baile está a punto de comenzar. Siendo un ambiente lúdico, buscaré divertirme, será contigo Ariel, mi querido Ariel. Con una reverencia, solicito a Madame Aimeé que me conceda la primera pieza; a punto de desmayarse, responde con un poco de arrebato, que está dispuesta. La tomo de la mano y así nos dirigimos a la zona del baile. Los zafiros de Ariel se clavan en mi espalda. Madame Monique agradece mi proceder.

La música, una de las artes más bellas creadas por los humanos, hace honor de su precisión y belleza. Las filas de los asistentes que no han entrado al baile, respetan el espacio para los giros y risas de quienes disfrutamos del manto musical, de la escena que emana de las notas que se respiran a un ritmo bien llevado. Madame Aimeé se deja seducir por mi encanto. La envuelvo en un aura, de menor presencia con la que envolví en aquella ocasión, al bellísimo Ariel. La joven manifiesta su deseo en sus pupilas, cada vez que nos acercamos o que hay un contacto con los ojos, me notifica lo enardecida que está. La sangre dentro de sus tiernas carnes, recorre sus venas a una velocidad impresionante; es la señal de la poderosa atracción por consumar y deshacerse del torbellino que sacude su cuerpo, en especial, la zona del sexo y el pecho, pues así, la mente no tiene otro control más que aniquilar ese torbellino.
Sé que Ariel está observándonos, sus deliciosos zafiros nos siguen a todas partes; como si se tratara del ojo de un faro. ¡Qué demencia mía! ¡Qué júbilo deslumbrarme con sus perlas desde esta distancia! Respondo con un brillo en mis ojos, de un tono más claro que su zafiro. Es evidente, que un color así, causa gran admiración, sólo puede encontrarse en los lobos. Unos ojos tan penetrantes y poseedores de una vitalidad distinta a los ojos humanos. El joven Ariel reacciona con un pequeño salto. El brillo de mi mirada le ha impactado. ¿Por qué tiene esos ojos?, puedo leer en su mente. Nadie de los presentes lo mira así. Es divertido, ¿no lo cree, Ariel? No deje de mirarme. Dígame, ¿qué es lo que ve? ¿Sólo dos ojos irradiando un color diferente al resto? No, querido, esto es más complicado de lo que cree.

La música fenece de una manera muy sutil, le indico a Madame Aimeé la salida, para reunirla con su madre. Agrego que realmente he disfrutado el baile junto a una belleza equiparable a los seres angelicales. La joven apenas puede contener la efusividad, sus ojos centellean con el volumen de su estado; adquiere un delicado rubor sobre sus mejillas. Se inclina para agradecer el baile, le respondo de la misma manera.

--Monsieur, no sabe cuán feliz estoy, mi querida Aimeé realmente le ha complacido. —Añade Monique.

--Así es Madame. Es una mujer muy bella y agraciada en todos los aspectos.

Monique termina con una sonrisa que abarca el contorno de sus mejillas; no obstante, el júbilo que ahora me ha otorgado una generosa cantidad de energía, se encuentra en otro punto. Agradezco nuevamente. Me encamino hacia donde se halla el joven Ariel, está vez, mi aura tendrá un impacto mayor; está vez mis intenciones serán más notorias. No estoy dispuesto a perder una oportunidad como esta, todo a mi disposición.
El joven contempla una de las estatuas del lugar, una figura femenina del estilo clásico, con unos contornos exquisitos y un cuerpo bien moldeado.

--¿Admira la expresión artística de la Grecia clásica?—le pregunto mientras me posiciono a su costado izquierdo.

--¡Ah, Monsieur Feroas! Me ha tomado por sorpresa. —Responde con sobresalto. —Así es. ¿No encuentra bello cómo se puede lograr una perfección así?

--¿Una perfección? Debe haber sólo una perfección. —Continúo, no obstante, le muestro de nuevo el brillo de mis ojos, de este modo, lo someto sutilmente.

--Sólo una perfección… Monsieur, ¿por qué usted emana un no sé qué, capaz de inmovilizarme?—Cuestiona fuera de sí.

--¿Quiere saberlo, querido Ariel?

--Sí, Monsieur. Usted es un ente muy distinto. Es como si saliera de un libro de seres extraordinarios. —Contesta en voz baja. Su cuerpo manifiesta los primeros síntomas de mi aura, poco a poco, cae en mis dominios.

Me deslizo hacia a atrás, a un espacio que nadie ha visto y no pretenden ocupar, fuera de escena; lo llamo con la fuerza de mis ojos, él no puede negarse, todos su ser es mío. Nadie ha advertido semejante movimiento. Al encontrarnos cubiertos por la oscuridad, donde la luz de la luna a penas se filtra, despojo nuestros rostros de las máscaras. ¡Qué delicia! ¡Un rostro mejor esculpido que el de la misma Afrodita! ¡Más bello que el de Helena de Troya! Sus perlas zafiro están cerradas, sus labios, exquisitos, se encuentran entre abiertos. ¿Acaso debo pedir más? Una contemplación de este nivel no puede esperarse en cualquier momento, ni tampoco imaginarse en cualquier momento. Es como recibir un don.
Le delineo sus labios con mi dedo índice, ¡qué piel tan sedosa! ¡Cómo pude ser bendecido de este modo, luego de tanto, tanto tiempo! ¿Acaso debemos esperar más de una vida, para algo tan magnánimo? Realmente no lo sé… Simulo morder su nariz, sus mejillas y sus labios. ¡Es que no entiendo cómo un ser puede ser dueño de una hermosura que no puedo describir!

--Ariel, Ariel…Abre tus ojos, quiero ver tu benigno zafiro. —le susurro en su oído izquierdo.

El joven obedece, me deja contemplar cuánta vivacidad hay en él. Le tomo del mentón, levantando su delicioso rostro.

--¡Oh, Dios mío! ¿Por qué estamos aquí?—Pregunta también en voz baja.

--Ariel, ¿alguna vez ha sido testigo de algo extraordinario y que no pueda siquiera describirlo con palabras?

--No sé qué se refiere. —Pasa algo de saliva. — ¿Qué es lo que quiere de mí?—Exige saber.

--Sólo a usted, solamente a usted. —Acerco mis labios a los suyos.

--No, no, no… ¡Usted no puede quererme! Eso no…--Responde negando con la cabeza.

--¿Por qué? ¿Por qué se trata de algo indescriptible para usted?

--¿Acaso está ciego? ¡Qué no ve lo que somos!—Reprocha.

--Estoy muy consciente de lo que somos…

--¿Entonces? ¿Por qué me busca? Debe haber otra razón.

--No, no hay otra razón. —Le tomo del cuello, cubriéndolo dedo por dedo. —La única razón es la que le he dicho: lo quiero a usted, lo deseo a usted. —Le digo con fuerza, no obstante sin ser audible para los demás.

--¡Ha perdido el juicio!

--Sí, se pierde el juicio cuando uno se enamora.

--¿Está enamorado de mí?

--Sí, mi dulce Ariel. No hay nada que me enloquezca en este mundo, como usted lo hace. —Tomo su delicada mano y la llevo por encima de él, presiono con fuerza. —Te dije que no quiero hacerte daño, sólo te deseo, quiero poseerte. —Termino fundiéndome en un beso, robando su respiración. Un efecto que tiene una reacción agradable en Ariel, las manos le tiemblan; la temperatura de su cuerpo se ha elevado considerablemente. ¡Qué emperador ha gozado de una criatura así! ¡Ni Ganimedes se compara con la sensualidad de este ser! Los movimientos de nuestros labios se hacen más notorios y profundos. ¿Ves cómo es difícil resistirse, Ariel? Ahora, las suculentas aguas del placer te irán humedeciendo, no puedes hacer nada. Si te niegas, entonces serás como las rocas. No obstante, siendo otra tu naturaleza, la voluptuosidad de las carnes dominará tu juicio y no querrás otra cosa que desquitarte, dejarte manipular hasta el punto de sólo consumar y que te consuman. ¡Sé mío! Si eres mío, te juro devoción, te protegeré más que el león a su estirpe; te amaré por sobre todas las cosas, incluso, por encima de mí mismo… Con la lengua, le recorro las paredes de su boca, lamo la punta de su lengua, forcejeando con ella. ¡Qué bendición es ésta! ¡Una criatura de mi condición, bendecida así, no sé a quién o a qué agradecerle! Esto agita más su respiración, pues libera pequeños gemidos, lo que me provoca entrar en calor. Me detengo para contemplar sus tiernos zafiros, está embelesado.

--Le amo, Ariel, le amo, le amo. —le digo mientras beso su deleitoso cuello. Accede también, inclina su cabeza hacia el lado contrario, exponiendo la sedosidad y blancura de su cuello. Mantiene aferradas sus palmas contra la pared, resistiendo ahí, la magnitud del momento. Sus gemidos son más evidentes, el aura, esta vez, querido, te somete de verdad, estás entregándome tu sensualidad, y créeme, que la estoy recibiendo. ¡Me estoy volviendo un demente! ¡Nunca será suficiente saciarme de ti!
Deslizo mis manos por su torso hasta llegar a su cintura. Ahí, acaricio su espalda baja y su estómago. Ariel ya no se aferra a la pared, he advertido su mano izquierda sobre mi antebrazo del mismo lado. Aún tiene pudor, no me sostiene con fuerza. Paso mis besos por su garganta y llego así, al otro lado de su cuello. Presiono su cuerpo contra el mío, sosteniéndolo de su cintura. No pone ninguna resistencia. Con la mano izquierda, describo la solidez de su espalda, hasta ascender a su cabellera. Cada hebra de su melena dorada, escurre por mis dedos. Su cuerpo comienza a evaporar la temperatura alcanzada por la jugosidad del placer. Es el momento de despojarle de sus ropas… Sin embargo, debo contenerme; teniendo frente a mí, una oportunidad de tal índole, no puedo exceder mis instintos. ¡Qué paradoja! ¿Quién puede controlar sus instintos, envuelto en la locura de la sensualidad y voluptuosidad? Recalco, en todos mis siglos de existencia, jamás había sido agraciado con semejante dote… Introduzco mi lengua a su oído derecho, lo que produce un mayor número de gemidos, claro, manteniendo el volumen sólo para nosotros. Luego, bajo lentamente mi lengua por la ternura de su piel, y llego hasta su hombro derecho; sí, he descubierto su hombro, a pesar de las capas de ropa. Es un hombro firme, suave y bastante delicioso.

Ariel, no puedo contenerme más…He querido alejarme de mi gran deseo de tenerte como uno de mi estirpe; eso sería una condenación eterna, no podrías ir al paraíso que todos te han descrito, lo único que nos queda es el camino de las tinieblas, sin descanso eterno. No obstante, estoy dispuesto, como te lo dije, a protegerte con toda mi vida. Nunca padecerás ningún dolor…
Me dirijo a su pecho, aspiro el olor de su sangre. Su corazón está latiendo con más vitalidad. Nos penetramos con la mirada. Jadea, el aura se ha introducido en su sexo.

--Ariel… No quiero ser solo tu amante. —le susurro

--Yo… yo… No sé tampoco qué es lo que quiero. —me responde cerca de mis labios.

Le sonrío mientras sostengo su hermoso rostro entre mis manos. Beso su nariz. Serás mío desde este momento. Me pensarás, me desearás y me amarás. Ninguna otra cosa ocupará tus pensamientos, más que sólo el frenesí de encontrarte conmigo, de entregarte a mí. Sufrirás por no tenerme a tu lado, sin embargo, las distancias no importarán, porque yo te buscaré y bebiendo tu sangre, serás completamente mío. Frente a sus ojos, saco mis incisivos y los incrusto lentamente sobre su deliciosa carne, absorbiendo cada gota de su sangre… ¡La más suculenta que he probado! ¡Dios mío, qué manjar toda tu creación! Sus gemidos tienen más definición, el dolor los esculpe mejor. Ahora, sus manos estrujan mis antebrazos. Sé que duele, amor mío, pero el placer que ambos recibimos, nos entreteje más, ¿puedes advertir cómo parte de mí, se introduce en tu ser? Este no es el único modo de hacerte mío; te revelaré otro lado que desconoces sobre mí, y entonces, tu cuerpo no podrá negárseme…Te lo aseguro.
Sólo un poco de ti, con eso basta. El beso del vampiro nos conectará más de lo que imaginas.


--¡No! ¡Por qué, por qué!—Exclama mientras se cubre los orificios.

--Nos volveremos a ver Ariel. —Limpio su sangre que ha quedado fuera de mis labios, con mi lengua.

--¡Usted es un…!—dice invadido de horror.

Me despido con un beso sobre sus labios, y me sumerjo en la negrura de la habitación.










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MiniFic Re: Las Tinieblas y las rosas

Mensaje por KenshinCroft el Sáb Ene 09, 2016 8:16 pm


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MiniFic Re: Las Tinieblas y las rosas

Mensaje por Noizz Clear el Sáb Ago 06, 2016 4:42 pm

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MiniFic Re: Las Tinieblas y las rosas

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