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Te juro que fue él

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One Shot Te juro que fue él

Mensaje por Angelina Durless el Dom Ene 14, 2018 12:03 pm

Enero/2018





Título: Te juro que fue él
   Terminado: Sí.
   Autor: Angelina Durless, Grell Sutcliff, Ronald Knox, Mina Harker y William T. Spears
   Fandom: Original
   Género: Drama, suspenso
   Crossover: No
   Advertencias: Ninguna
   Clasificación: Para todo público.
   Nota de autor: Es la historia colectiva ganadora del evento "La historia colectiva más original", del equipo "Las Rosas rojas".



Te juro que fue él

Jeremy tenía varias noches sin poder conciliar el sueño. Pensó que era causa del estrés, pero era un asunto más grave: lo del otro día. Bueno, en realidad, si lo llegara a platicar con alguien, lo tildaría de infantil y ocioso.

Todas las noches, esa misma escena le despertaba, mejor dicho, le sobresaltaba. La respiración la tenía siempre agitada y el sudor frío, le humedecía el cuerpo. No obstante, ya lo había meditado desde hace meses. Le costó mucho trabajo, pero finalmente lo hizo. ¿Entonces por qué le sigue? No era real, sólo cuando se leía. ¿Qué estaba sucediéndole? Debía poner punto final. Lograba dormir unas cuantas horas, a veces dos y a lo mucho cuatro. Faltaban tres minutos para levantarse e irse a su trabajo; sí, era profesor de literatura, tenía un importante evento hoy: la presentación del ensayo literario, el concurso de los chicos de segundo semestre. No podía faltar. Debía eludir esa maldita pesadilla. Seguramente con el trabajo de esta noche, caería fastidiado y simplemente dormiría, ¿no es verdad?

Durante la clase, todo marchaba a la perfección. Ni siquiera recordaba la pesadilla de todas las noches. En el evento, uno de sus alumnos resultó ganador. Habían festejado todos los jóvenes que cursaban el segundo semestre. Sin embargo, cuando una profesora le preguntó acerca de su novela, él se mostró muy serio. Cambió radicalmente su faz.

--Bueno, disculpe, pero ahora no tengo cabeza para eso. Me ha absorbido lo suficiente para no dejarme dormir--. Le sonrió a secas.

La profesora con un gesto agridulce se despidió de él. Era cierto, ¿por qué hablar de eso en el trabajo? Era uno de los tantos lugares donde podía escapar. Su mente se despejaba sin problemas. Cuando terminó su jornada en la universidad, fue a cenar en un café. Uno al que le tenía mucho cariño, porque ahí escribió su primer cuento hace un buen tiempo, todavía cursaba la secundaria. El dueño del lugar le conocía muy bien, y era uno de sus lectores favoritos.

--Jeremy, qué bueno verte--. Le dijo un hombre robusto y de mejillas rojas.

Se abrazaron y de inmediato le invitó un café.

--Gracias, Gary. Necesitaba una taza de tu café--. Le contestó dando un sorbo con cautela a su bebida.

--Me imagino que la universidad te tiene a tope --.Continuó Gary con esa sonrisa suya, que parecía reírse de todo.
Jeremy sonrió sin ánimo.Pasó la tarde sin novedad. Una que otra chica le coqueteaba, era un hombre que seducía sin hacerlo. Sonaba bastante exagerado, pero tenía una apariencia muy agradable. Pero, esa tarde era diferente. No tenía cabeza, pues de algún modo, hablar con Gary le recordó la terrible escena que se le presentaba noche tras noche. Esa que lo dejaba en duda si era correcto o no.--Sí, así lo decidí--, se dijo mientras daba un golpesillo en la mesa. Volvió a casa más tarde de lo habitual. Calentó un poco de agua para preparse un té. Se dejó caer sobre el sofá y bebió sin prender el televisor. Era un mundo lleno de vacíos y órdenes. No le gustaba. Si acaso las novelas biográficas. Sin más, se dirigió a su habitación y se acostó en su cama. Cerró los ojos sin tener ni un solo pensamiento vivo. Era una táctica suya para conciliar el sueño y no tener pesadillas. Empero, luego de varias horas, escuchó cómo reventaban unos cristales. Se despertó de golpe, el sudor frío estaba de nuevo cubriendo su cuerpo. Encendió rápidamente su lámpara. Al pisar el suelo, sintió un agudo dolor: era un trozo de vidrio que se incrustó en la planta de su pie. Caminó cómo pudo hasta el baño, echaba vituperios. En el botiquín del baño, sacó unas vendas y una solución para curarse. --¡Carajo!--, maldijo mientras limpiaba su herida. De pronto, se le erizaron sus cabellos cuando advirtió que algo a gran velocidad pasó del lado de la puerta, frente a él.

--¿Quién anda ahí?--, preguntó y pasó algo de saliva. Tomó la navaja que usaba para afeitarse. Anduvo con cautela por su habitación. Las cortinas se agitaban debido a la ventisca que se había colado. Se dirigió a su armario, no encontró nada sospechoso. Empero, al cerrar la puerta y volverse para el baño, se quedó petrificado por una silueta negra que estaba junto a la ventana, dejándose acariciar por las cortinas. No dijo nada por unos segundos, hasta que reaccionó.

--¿Qué demonios? ¿Cómo logró entrar?--, cuestionó con furia. Tenía que estar armado de valor. Levantó en un puño la navaja, estaba más que listo si ese sujeto se le echaba encima.

--Por favor Jeremy, ¿vas a matar lo que has creado?--, le habló la silueta con un tono burlesco.

Entrecerró los ojos, no comprendía lo que pasaba.

--¡Muéstrate, quiero ver tu cara!--, ordenó con el miedo encima.

Así lo hizo, la silueta salió a la luz, la que se iluminaba desde el baño. Jeremy estaba gélido. Dejó caer la navaja, no podía creer lo que tenía frente a él. Era el personaje de su novela, el que había matado hace unos días.

--No, esto no es real--, se dijo mientras cerraba los ojos y retrocedía. Se talló los ojos varias veces, pero no desaparecía esa cosa.

Estaba tan viva como él.

--Te he estado siguiendo, Jeremy. Tú me creaste, y aquí me tienes--, extendió sus brazos mientras avanzaba hacia a él.
Jeremy retrocedía, no quería verle directamente a la cara y tenerla grabada en sus pensamientos. No podía conciliar el sueño, menos ,lo haría con su rostro bien guardado en su cabeza.

--No, no existes. Sólo eres mi invención. No puedes ser real. ¡No eres real!--, exclamó.

Encendió la luz y aquella figura desapareció. Sacudió las cortinas. Lo buscaba, a ese individuo que sólo vivía en su novela. ¿Por qué lo mató? Estaba lástimando a su protagonista. Ya había sufrido mucho. Le parecía irracional seguir maquinando más situaciones para desafiar a su personaje principal. Faltaban tres capítulos para terminar su novela, sólo debía concluir y cerrar cabos. Era la última parte de su trilogía. ¿Cómo seguir torturando a su protagonista? Ya tuvo su momento ese villano. Era necesario darle muerte y cerrar así su participación. Sí, ya lo había meditado antes, y le parecía lo mejor. Incluso su muerte era espectacular. Algo con lo que sus lectores hablarían por un buen tiempo. Esto era lo que le mantenía despierto por tantas noches. ¿Estaría volviéndose loco?
Se fue a dormir. La jornada comenzaba, un día más en el salón de clases. Todo transcurrió sin novedad. Llegó a casa y se preparó otro té. Pasó a su alcoba y se acostó sin cerrar los ojos. Tenía en su mente la escena de ayer. ¿Se presentaría de nuevo? No, se supone que debe dormir cómo todo el mundo. No quería enfermarse. Tampoco podía quemar su novela, tenía una semana más para entregarla a la editora y publicarla. Cosa que no tenía duda. De pronto, un estruendo en la planta baja le sobresaltó. Sintió un frío filo sobre su espalda. Temía que ese ente estuviera de nuevo esperándolo.

--¡Quién demonios es! Porque esta casa no está abandonada, carajo!--, gritó a todo pulmón para intimidar y así levantarse el ánimo.

No obtuvo ninguna respuesta. Dijo un par de cosas más, sin embargo, se mantuvo en las mismas. Buscó en su cajón de su mesa de noche, un arma. Hace años que su abuelo se la obsequió. No pensó que fuera ese el momento. La cargó y bajó con cuidado. Permaneció en alerta. La cocina, de ahí provenía el ruido. Se dio cuenta por la luz encendida y por el terrible desorden. Sus enceres estaban en el suelo, los platos hechos añicos y la ventana, abierta. Apuntó en todas direcciones.

--¡Le voy a volar los sesos si le llego a ver!--, advirtió. Una horrenda carcajada le partió el corazón en dos. Resonaba en todas partes. No pudo elegir un sitio donde apuntar. --¡Dónde demonios estás!--, exigió saber. Las risotadas se absorbían en las paredes y luego estallaban en su cabeza. Lo que le produjo un terrible mareo.

--Jeremy, no puedes olvidarte de mí. Me mataste, ¿crees que voy a dejarte descansar?--, le habló la voz.

Bien sabía de quién era, de Nicolás, el gran villano de su novela policíaca y de terror: "La ventana de la calle roja". Un éxito entre el público adulto. Tenía casi siete años escribiendo esa saga. Le había costado tanto crear un personaje cómo Nicolás. Un psicópata que había engañado a todos con su curación, y por eso, trabajó en la policía. Supo encubrir majestuosamente todos sus crímenes. Nadie sospechó de él, hasta que su compañero, Richard, logró desenmascararlo. Por esa razón, buscó cómo hacerle pagar su honestidad por casi una década. Parecía una locura, pero Nicolás disfrutaba realmente hacer el mal. Hasta hace poco, que Jeremy decidió matarlo.

--Jeremy, ¿estás aquí? Porque puedo leer tus pensamientos. Soy tan real desde el día que me diste vida--, continuó Nicolás.

Por fin se apareció frente a él. El chico caucásico, de 35 años, delgado, atlético y de buen porte. Pero, ¿cómo era que conocía la voz de alguien que no existía? ¿Estaba volviéndose loco?

--Él es sólo un papel, un personaje al que yo le di vida. No puedo estar escuchando su voz--, se dijo. Nicolás caminó hacia a él y le dio un buen golpe en la cara. Jeremy cayó al suelo. Unos hilillos de sangre emanaban de su boca.

--Estás sangrando, es más real, ¿cierto? Quiero ser cómo tú--, le dijo el hombre. Jeremy lo observó como si se trata de un adolescente y su hambre por el mundo. Se puso de pie.

--¿Qué estás diciendo? ¿Ser cómo yo? ¿Puedes explicarte?--, pidió algo irritado. Debía escucharlo de los propios labios de Nicolás, aunque, realmente sabía que era lo que decía. El sujeto le explicó que deseaba existir en el mundo de los vivos y tener una vida como cualquier mortal.

--Moverme y ser yo para siempre. Libre cómo tú. Tengo tantas ganas de vivir y no merezco unas simples hojas. No quiero una historia con un dios falso. Quiero escribir la mía. Te agradezco esto, Jeremy, dotarme de esta personalidad, pero ahora, quiero un destino, no el que tú me has escrito--, habló con entusiasmo.

Jeremy estaba estupefacto. No tenía idea de cómo actuar, si mofarse o conmoverse. ¿Una vida? Evocó esa energía adolescente que en ese momento le fastidiaba tanto y que sabía, lo incauto y, a la vez, curioso, que le fue vivir esas ansias por descubrirse y entenderse. Jeremy se acercó al grifo de la cocina. Llenó un enorme vaso y se lo echó encima. Gritó por lo frío del agua, y sacudía su cabeza. Esto lo repitió varias veces hasta quedar totalmente empadado. Nicolás se soltó a reír. Buscó en la alacena una jarra, la llenó a tope y la vació sobre el escritor.

--Sí, esto quiero hacer, reír, enfadarme como tú--, le dijo con la faz seria--. Quiero sentir cómo tú. No esto. Estoy muy lejos de lo que tú puedes lograr--, le dijo entre dientes. Luego lo azotó contra la pared.

Jeremy se mantenía absorto. Ni siquiera tenía la mirada fija. Nicolás estudiaba su piel. Acarició con su mano el rostro del escritor. Parecía que en cualquier momento le fuera a plantar un beso en los labios. Pero, su intención no era ésa. Imaginó cómo sería tener un cuerpo, una carne con la que se movería en este mundo. En efecto, su mano se adhirió con tanta fuerza al rostro de Jeremy, como si fuera pegamento. El escritor advirtió algo vizcoso en su piel. Intentó retirárselo, pero le fue imposible. Nicolás absorbía con parsimonia, el ser de Jeremy.

--¡No, no, espera!--, pedía con desesperación. Nicolás estaba muy concentrado en lo que hacía. Ni siquiera parpadeaba. No obstante, Jeremy sacó fuerzas, tomó el antebrazo de Nicolás y lo partió en dos, como si fuera un papel. Se puso de pie inmediatamente y se refugió en su habitación. Cerró bajo llave. Mientras, escuchaba los aterradores alaridos de Nicolás.
Se había quedado dormido, ya era hora de irse al colegio. Se vistió rápidamente, ni siquiera desayunó. Lo hizo en el camino. Las noches transcurrían sin ninguna novedad. Parecía que la calma regresaba a su vida. Incluso pudo dormir por noches enteras. Nicolás había desaparecido.

Luego de casi seis meses, una tarde de octubre, mientras revisaba las tareas de sus alumnos, un extraño viento le sacudió las hojas de la mesa. No tenía la ventana del comedor abierta, además de que el clima era muy seco en dónde él vivía, pocas veces se presentaban fuertes corrientes. El sudor en su frente aparació sin anunciarse, acompañado de una terrible presión en las palmas de sus manos y pecho. Temía que no se encontrara solo en casa. Revisó todo el lugar, cada rincón. No había nada ni nadie . Tenía que calmarse, un hombre de su talla, no podía intimidarse ante cualquier cosa. Continuó con su trabajo.

Estaba oscuro ya, preparaba un buen emparedado. Esa noche la había destinado a una película, era realmente raro que la televisión le motivará a dedicarle tiempo. Pero hace años que vio parte de esa película, así que por fin concluiría esa escena que le motivo a crear "La ventana de la calle roja" y a Nicolás. De sólo pensar su nombre, le provocaba una capa gélida por todo su cuerpo y también en el corazón.
La película terminó por gustarle, no le dejo fascinado, pero valió el tiempo invertido. Apagó el televisor y se fue a dormir. Tenía horas intentando perderse en el sueño profundo. Sin embargo, la terrible sensación de sentirse observado, le impedía concentrarse y dormir. Encendió una lámpara que tenía cerca. No había ni una figura o algo parecido que le hiciera tener más confianza en lo que sospechaba. Esos ojos lo seguían por todas partes. Hasta lo miraban através de las sábanas. No tenía a dónde huir.

--¡Qué demonios quieres de mí!--, exclamó exhausto. Ya era suficiente estar lidiando con tremenda situación. Se sentía acorralado. --¡Qué quieres! ¡Por qué no me dejas en paz, maldito! No existes y no puedes existir. Yo te inventé y así te puedo destruir!--, amenazó. Respiraba para tranquilizarse. Nicolás no le respondía.

--Jeremy, sólo quiero vivir. Y no vas a matarme, no lo harás. Pero descuida, esta noche también podrás dormir y entregar tu novela. Nuestra novela--, concluyó con una risotada que perferó los oídos de Jeremy.

Era ya de día. No durmió lo suficiente, sus ojos estaban muy cansados. Luego de clases, pasó a la editorial para entregar la última parte de "La ventana de la calle roja". Su editor de años, le dijo que se pondría en contacto con él. Nicolás ya no se manifestaba, empero, desquiciaba al escritor al acorralarlo en su propia casa, sofocándolo. ¿Podría acostumbrarse a esto? Eso lo meditó por semanas. Mientras, esos ojos invisibles lo perseguían por todas partes, dentro de su casa. Incluso llegó a servir una porción extra de su comida en el otro extremo de su mesa. Nicolás nunca comió de ese plato. Así que se llenaba de hongos hasta que lo tiraba a la basura. Durante la noche, seguía siendo observado, a veces desde un rincón de la habitación. Procuraba no mirar hacia ese lado. En su trabajo y fuera de casa, se sentía libre. Los ojos de Nicolás se perdían. A veces dormía en moteles y desayunaba en cualquier restaurante. Su casa estaba muy descuidada, había polvo en todas partes. Olía mal, y él se bañaba de vez en cuando. Su novela logró la aprobación y tenía muy buena demanda. Su editor fue a visitarlo y le alarmó lo que encontró.

--No puedes seguir así, Jeremy. Eres un gran escritor, tus novelas se venden muy bien y son aceptadas por la gente. Tienes reconocimiento, ¿qué más necesitas?--, le decía su editor. Jeremy respondía a medias, no tenía ánimos para defenderse.

Cada día se prolongaba su abandono. Charlaba con Nicolás apesar de no recibir respuestas. Algo que se fue haciendo cotidiano. De hecho, recitaba los diálogos de Nicolás, los que él mismo escribio en el libro. Era increíble, podía recitarlos todos, los que se encontraban en las 250 páginas de su libro. A veces se daba cuenta de lo que decía. Se espantaba y se golpeaba la boca.
--¡No, basta! Debo volver a la realidad--, se repetía varias veces, sólo cuando advertía que no era él. Sus amigos y gente cercana, notaban ese tremendo cambio. Hablaba con otro acento y respondía como si fuera Nicolás. De hecho dejó muy atrás al verdadero Jeremy.

--Es que has cambiado. No sé si lo notas--, le dijo un amigo, algo disgustado.

--No mi camarada. Sigo siendo yo. Sólo me he renovado. Ya sabes, cae muy bien un cambio. Cuídate. No vemos en el billar, ¿te parece el martes?--, le respondió con entusiasmo. Jeremy sólo se concentraba en su trabajo, por eso les impactaba a sus conocidos que de la nada les invitara a salir o a comer en su casa. En el trabajo, resultó lo mismo: un nuevo hombre. A los pocos meses cambió también de trabajo. Se enlistó en la policía. Los superiores de la academia policíaca se admiraban de su habilidad para manejar las armas y en las misiones de sigilio.

--No me explico. ¿Desde cuándo la policía era lo tuyo?--, le preguntó Gary, tenía una expresión tosca en su rostro. Desconocía a Jeremy y ya no le invitaba cafés.

Perdió a muchos de sus amigos, y su familia lo frecuentaba muy poco. Eso no le tenía con pendiente. Era una nueva vida, no le hacía daño a nadie. Y era más feliz, porque Nicolás ya no se manifestaba en su casa. Tenía meses que no sentía sus ojos.
Luego de varias semanas, recibió una llamada de su editor. Había pasado tiempo sin saber de él y además, debía saber cuál sería su próximo proyecto. Jeremy se extrañó con esa llamada, de hecho le molestó atenderla. Recibió de mala gana a su editor.

--Mira, ya no estoy interesado en la escritura. Eso quedó atrás. Tengo nuevos aires. La literatura y yo nos divorciamos. Así que, me temo que esta charla ha terminado--, dijo sin moverse de la puerta.

--Pero, ¿de qué hablas? ¿Cómo vas a dejar esto así? Mira, esta lista es de los libros más vendidos de la editorial. Son los 10 más vendidos. El tuyo está en primer puesto. Además eres un escritor consagrado, ¿qué te ha llevado a decir semenjante tontería?--, le reprochó su editor.

Jeremy insistió en abandonar su carrera de escritor. Necesitaba adrenalina en su vida. Su editor prefirió marcharse, aunque le recalcó que si decidía volver a escribir, él estaría dispuesto. Casi a punto de abandonar la casa de Jeremy, éste le detiene:

--Si esta vida fuera tan básica, ¿qué clase de hombres seríamos?--, y cerró la puerta.

El editor pasó el día entero rezando las últimas palabras de Jeremy. Al percatarse de dónde había sacado esa línea, le dio un poco de tranquilidad. Era de Nicolás. --Tal vez, quiere vivir su propia historia--, dijo con ironía. Aunque le extrañaba ver la firma de Jeremy con el nombre de Nicolás. --¿Qué intenta hacer?--, se preguntó. Pues Jeremy aparecía como el villano principal, y Nicolás en la contraportada, describiendo su biografía cómo escritor.


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One Shot Re: Te juro que fue él

Mensaje por Rainia Black el Dom Ene 21, 2018 5:47 pm

Vaya, ahora veo por qué ganaron como mejor historia. Ha estado genial, me encanta el misterio y esto les ha quedado así: misterioso, frío, de terror, bueno, una mezcla muy buena que me ha encantado. Aunque me parece que le falta algo para llegar al final, o modificarlo para llegar a eso. Lo siento algo apresurado. Es el detalle que le he encontrado, porque los personajes están muy bien. Les dejo voto.




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One Shot Re: Te juro que fue él

Mensaje por Grell Sutcliff el Lun Ene 22, 2018 5:30 pm

My darling, so delicious!! Pero tiene razón Rainia, nos fuimos apresurando al final. ¿Sabes? Creo que nos faltó ahondar en el desarrolló de los deseos de Nicolás para ser humano. Me refiero a que más razones para que se produzca el deseo de Nicolás de ser humano. Pero cómo era para evento, teníamos que tenerla a tiempo. ¿Crees my darling, que se pueda trabajar en eso? Me ha encantado, nos ha quedado muy buena.




"El pasado de un buen hombre, hace a la gente curiosa; pero si se trata de un hombre malo, entonces me provoca a querer saber más", Grell Sutcliff

     
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One Shot Re: Te juro que fue él

Mensaje por Ronald Knox el Miér Ene 24, 2018 3:35 pm

Coincido con Grell, sí nos faltó ampliar esa parte, quedaría la historia mucho mejor de lo que está. Porque admito que nos ha quedado muy buena, y le dimos ese toque de suspenso que buscábamos, esa desesperación que sí hemos logrado. Es una gran historia. Solo si trabajamos en el desarrollo de cómo y por qué Nicolás quiso ser un humano, entonces tendremos más justificación para lo que hemos contado y hasta mejorar el final. Yo le doy un voto a esta historia tan chula que nos ha quedado.
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