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Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

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Concurso Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KenshinCroft el Lun Oct 12, 2015 2:39 pm


Leyendas que no te dejarán dormir

No vamos a dormir... Aquí dejas tus leyendas. No olvides dejar los datos del libro de dónde sacaste tu leyenda. También se valen las leyendas que te sepas de memoria... Si conoces una página web, nos dejas la dirección.







Última edición por KenshinCroft el Sáb Ene 30, 2016 4:03 pm, editado 2 veces










"Contemplar toda la belleza que posees, transmuta mi voluntad en la enajenación de un chiquillo al descubrir la grandeza del océano." KenshinCroft
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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KenshinCroft el Vie Oct 30, 2015 1:17 pm

Saludos gente!! Les vengo a dejar esta leyenda popular de mi país, México:

"La Planchada", o La enfermera fantasma



La leyenda de la planchada es probablemente una de las más populares de México. En ella narran la historia de una enfermera fantasmal que vaga por los pasillos del hospital y atiende a los enfermos que necesitan ayuda médica…

Cuentan que cierto día, una chica llamada Eulalia entró a formar parte del personal de enfermería en el hospital. Era una chica de buena presencia, con cabellos rubios, ojos claros y facciones finas, con una actitud amable y educada aunque revestida por un ligero aire de seriedad.

Desde sus primeros días en la institución médica, Eulalia demostró gran profesionalismo y diligencia, mostrándose siempre solicita con el personal médico y con los enfermos, hacia los cuales profesaba una dedicación que a veces iba más allá del mero deber. Por otra parte, Eulalia siempre estaba muy limpia y arreglada, con el uniforme blanco perfectamente planchado e impoluto, exento de la más mínima mancha o arruga.

Como era de esperarse, Eulalia se granjeó rápidamente el aprecio de los médicos, a la par que, gracias a su natural simpatía, logró verse libre de inspirar envidia en sus compañeras y compañeros de enfermería.

Por otra parte, la vida de Eulalia era realmente tranquila, sana y sencilla, ya que todo su tiempo se dividía entre las labores en el hospital y las atenciones hacia su pequeña pero estable familia, conformada por sus padres y sus dos hermanos menores.

Sin embargo, un día todo cambió…

En efecto, cierta mañana el director del hospital convocó al personal para presentar al nuevo médico que acababa de llegar: el Dr. Joaquín, un tipo inteligente, guapo y alto, venido “de buena familia”, pero con un cierto aire de arrogancia. Todas las demás enfermeras y casi todos los enfermeros fueron, pero Eulalia se quedó atendiendo a un paciente.

Pasados unos cuantos días, Eulalia todavía no había cruzado palabra alguna con el Dr. Joaquín, y apenas lo había visto de lejos, aunque a sus oídos ya habían llegado los rumores que lo retrataban como un tipo orgulloso, como uno de esos hombres que miran a casi todos “por encima del hombro”. Eso hacía que ella no tuviera muchos deseos de conocerlo, pero un día la convocaron para que lo ayudase con la extracción de una bala en la pierna de un paciente…

Pese a los rumores, cuentan que Eulalia quedó prendada del Dr. Joaquín cuando lo vio de cerca, al punto de que sus manos temblaban ligeramente cuando le pasaba los instrumentos, llegando incluso a equivocarse en lo que respecta a entregar el instrumento correcto…

Después de ese primer encuentro, Eulalia empezó a enamorarse apasionadamente del Dr. Joaquín, a pesar de que le decían que no le convenía, que el tipo era un egocéntrico y que coqueteaba con una y otra enfermera. No obstante ella siguió en su afán, diciéndose que sus compañeras estaban exagerando o simplemente justificando a Joaquín cuando no podía dudar de tales o cuales críticas que sobre él se cernían. De ese modo, pasados algunos meses ella consiguió su propósito y el Dr. Joaquín cedió a sus encantos, aceptando ser su novio.

Durante un largo tiempo Eulalia se sentía la criatura más dichosa del mundo, y su pasión crecía como un incendio a pesar de que Joaquín no parecía amarla con la misma intensidad...

Tras poco más de un año de noviazgo, Eulalia se sorprendió cuando cierto día Joaquín le propuso matrimonio, a lo cual ella accedió. Sin embargo era necesario esperar para la boda, ya que antes Joaquín debía irse a un seminario de 15 días en otra ciudad.

Antes de irse él le pidió que le planchara y preparara un fino traje, ya que debía estar impecable y elegante en el seminario. Entonces ella aceptó y, justo un día antes del viaje, él fue a recoger el traje y a visitarla, hablando tendidamente con ella y despidiéndose entre abrazos y besos.

Tan solo una semana tras la partida de Joaquín, Eulalia ya lo extrañaba como si hubiese estado ausente varios meses, por lo que a veces adoptaba una actitud de melancólica nostalgia.

Paralelamente, justo después de una semana cumplida desde el último día en que vio a Joaquín, un enfermero la abordó cuando estaba sola, le declaró su amor y le pidió que por favor lo acompañara a una fiesta como su pareja de baile, pero ella se negó y le dijo que si acaso no recordaba que el Dr. Joaquín y ella tenían una relación… Asombrado y algo herido, el enfermero la miró y le dijo que no entendía cómo es que nadie le había contado que Joaquín renunció en el hospital y se fue a un viaje de luna de miel con su nueva esposa…

Las palabras del enfermero habían dejado completamente helada a Eulalia. Se fue caminando con la leve esperanza de que aquello fuese un invento del enfermero para salir con ella. Pero a la mañana siguiente fue y averiguó en los registros, y efectivamente Joaquín había renunciado, por lo cual era lógico asumir que lo de la luna de miel era también cierto, tal y como decían muchas más personas además del enfermero…

Desde su decepción amorosa, Eulalia jamás volvió a ser la misma. Sentía que su corazón era un jarrón despedazado, y al parecer ni ella misma quiso recoger los pedazos y recomponerlo, ya que permitió que la amargura fuera apoderándose progresivamente de ella, hasta convertirla en un ser frío, silencioso y sombrío, en una mujer que no volvió a vincularse a ningún hombre porque se abandonó a la idea de que todos “eran iguales”, y en una enfermera que realizaba su trabajo con el tedio y el desgano, descuidando a los enfermos hasta el punto de que algunos murieron por sus negligencias al olvidarse darles la medicación, a pesar de ello no fue despedida porque, sus compañeros y superiores la apreciaban y pensaban que tarde o temprano volvería a ser la chica trabajadora y dedicada a los pacientes que siempre había sido.

Pasaron así los años y un día la enfermedad cayó sobre ella, transformándola en una paciente más del hospital donde por décadas fue indiferente hacia el malestar de los enfermos que tan mal atendía. Ella era la abandonada ahora. Sin embargo, en lo profundo de su soledad, la reflexión le ablandó el corazón y, antes de morir, se arrepintió de haber sido tan mal enfermera, falleciendo sin poder perdonarse a sí misma, y con el anhelo de enmendar de alguna forma sus errores pasados…

Tras la muerte de Eulalia, en el hospital comenzaron a surgir testimonios de gente que era atendida por una amable enfermera que no parecía pertenecer al personal del hospital. Una chica joven con la ropa impecable, perfectamente planchada, tal y como la llevaba Eulalia en vida. Normalmente los testimonios eran confusos porque solía atender a los enfermos cuando dormían, se encontraban sedados o estaban muy graves.

En cierta ocasión, una de las enfermeras que trabajaban de noche se quedó dormida en su turno. Su negligencia le podría haber costado la vida a un paciente que necesitaba una importante medicación para tratar una fuerte infección que hacía peligrar su vida. El hombre, semiinconsciente, observó como una enfermera, a la cual no pudo reconocer porque tenía el rostro ligeramente borroso y como desdibujado, le suministró el antibiótico necesario y, mientras lo arropaba, le dedicó una caricia en el pelo. Un par de horas después, la enfermera que se había dormido en su turno se despertó sobresaltada y, acordándose de lo importante que era suministrarle la medicación al señor, salió corriendo hacia su habitación, temiéndose lo peor. Al llegar allí se encontró que, el goteo que mezclaba el antibiótico con el suero, estaba perfectamente colocado y la dosis era la correcta. Aún asustada, le preguntó al paciente quién le había puesto la medicación. La respuesta la dejó helada: “Su compañera rubia, la que tiene la bata sin una sola arruga”.

Ésta fue una de las cientos de veces que “La Planchada” atendió a alguien que necesitaba la ayuda médica o que había sido descuidado por las otras enfermeras. Pocos son los que la recuerdan, ya que siempre atiende a personas graves o cuando están medio dormidas; ninguno puede recordar su rostro con claridad, ya que, casi siempre que se ha dejado ver, lo ha hecho con su cara ladeada o de espaldas. Pero todos los testimonios concuerdan en lo mismo, en lo impoluto de su aspecto y en la perfecta forma en la que están planchadas sus ropas, así como en lo cordial y profesional de su trato. Algunos, de entre el personal del hospital, también dicen haberla visto durante escasas fracciones de segundo entrar o salir de la habitación de un paciente e incluso haber sido despertados por el espíritu de Eulalia cuando dormían en sus turnos, tocándoles el hombro, y comprobando al despertar que estaban solos y que los pasillos del hospital estaban desiertos. Aunque nunca la vieron como una amenaza, ya que ayudaba a los enfermos cuando estos eran descuidados, cosa que se sabía gracias a los múltiples testimonios de pacientes que afirmaban haber recibido tal o cual medicación en ausencia de personal médico.



Fuente: Leyendas Urbanas














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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KyoUchiha el Vie Oct 30, 2015 2:18 pm

El cuadro del niño que llora

Spoiler:

Un hombre compra un cuadro en el mercado negro, en el lienzo puede verse la imagen de un niño llorando desconsoladamente. Por la noche un llanto le despierta y al acercarse al cuadro puede observar como…

Héctor era un amante del arte y, aunque vivía en una situación realmente cómoda (económicamente hablando), sabía que sus recursos eran limitados y por ello no dudaba en recurrir al mercado negro cuando quería obtener una nueva pieza para su colección.

El tráfico de obras de arte de dudosa procedencia estaba en auge, pues durante y después de la Segunda Guerra Mundial muchos fueron los soldados y oficiales que saquearon museos o las mansiones de los más ricos, llevándose cuanto en ellas encontraban. No era por esto extraño que Héctor comprara verdaderas gangas y cuadros muy por debajo de su valor.

En algunos casos el mismo Héctor se encargaba de encontrar al comprador perfecto y revenderlos posteriormente, multiplicando el precio que había pagado, pero en otros quedaba prendado de la belleza de alguna obra y decidía quedársela él mismo o guardarla algo más de tiempo hasta que decidía si la vendería o serviría para ampliar su gran colección. Ese fue el caso de un cuadro que le dejó sin habla nada más verlo…

En el lienzo podía observarse el rostro de un niño llorando con una expresividad casi única, sin conocer su historia se podía intuir el gran sufrimiento que había padecido el pequeño, un llanto que el artista había captado con tal realismo que sólo mirarlo te imbuía en una gran tristeza.

Héctor estaba decidido, quería comprar esa obra, pero no podía demostrar mucho su interés si no quería que el precio se disparase.

– ¿Y éste cuánto cuesta? – preguntó Héctor.
– Ese es de los caros – le dijo el comerciante ilegal – pero como usted es buen cliente se lo dejo en 100 pesetas.
– ¿100 pesetas? – dijo Héctor con tono malumorado – Pero si a este pintor no lo conoce ni su madre.

En el lienzo podía leerse la firma de un tal Giovanni Bragolin, sin duda un desconocido, aunque eso no era un impedimento para Héctor, que sabía apreciar el arte y no dudaba en que esa obra la podía vender fácilmente al triple del precio que le había marcado.

– Te doy 50 pesetas, esa es mi última oferta y deja de tratarme como a un ignorante o no me volverás a ver el pelo nunca más.
– Disculpe, don Héctor – dijo el vendedor con tono sumiso –, se lo envuelvo ahora mismo.

Héctor se fue a su casa con el cuadro bajo el brazo, una tela vieja lo protegía de las miradas de curiosos y por algún extraño motivo sentía que debía ser así, como si se tratara de un niño real al que hubiese adoptado. Sus lágrimas lo habían conmovido tanto que sentía un profundo pesar cuando recordaba su obra recién adquirida.

Para el cuadro reservó un lugar especial en la habitación en la que dormía, no quería que quedase expuesto a las miradas de las visitas en el salón, al menos no hasta descubrir algo más de su procedencia y el autor. Apuntó en una hoja de papel el nombre del pintor: Giovanni Bragolin. Al día siguiente (y como había hecho en muchas otras ocasiones) acudiría a la biblioteca a buscar información, tal vez el lienzo era más caro de lo que él pensaba.

Al finalizar el día, Héctor se acercó de nuevo al cuadro del niño llorando, se quedó mirándolo durante varios minutos, observando con detalle su compungido gesto. Trató de imaginarse qué pudo causar las lágrimas del pequeño: el hambre, un castigo, malas calificaciones… No, sin duda había una historia mucho más dura detrás de las lágrimas, tal vez la muerte de un hermano o de sus padres. El llanto era desconsolado, pero a la vez mostraba una profunda tristeza y miedo a quedarse solo. Sí, eso debía ser, era algún huérfano de los miles que había dejado la guerra.

Héctor se acostó en la cama mirando hacia el niño, como si tuviera que protegerlo y velar por su descanso. Estaba agotado así que no tardó mucho en dormirse, pero esa noche no podría conciliar el sueño como él hubiese querido…

De madrugada un leve quejido le despertó, era indudablemente el llanto de un niño, la oscuridad no le permitía ver con claridad, pero sin duda el sonido provenía del cuadro. Se levantó y pudo ver como de los ojos del niño parecían brotar lágrimas reales que goteaban hasta el suelo y habían formado un pequeño charco. Impresionado, se quedó mirando fijamente a los ojos del pequeño cuando… ¡Sintió que se movían levemente para mirarle directamente!.

Se pegó tal susto que casi se cae de espaldas, pero por suerte la cama estaba cerca y pudo sentarse sobre ella, totalmente bloqueado por el miedo.

Los ojos del pequeño se clavaban sobre los suyos y su gesto triste tornó a uno enfurecido, sus ojos parecían arder y cambiaron su azulado color por un tono rojizo que parecía echar chispas, de repente el marco del cuadro comenzó a arder con unas llamas tan intensas que rápidamente envolvieron toda la habitación…

Héctor se despertó totalmente empapado en sudor, todo había sido una pesadilla, miró al cuadro y no percibió nada extraño, el niño seguía igual y no había ningún fuego a punto de devorarlo. Trató de conciliar nuevamente el sueño, pero le resultaba muy difícil, así que decidió levantarse para beber un poco de agua. Al pasar cerca del cuadro casi se cae al suelo cuando resbaló sobre un pequeño charco que había justo debajo y era idéntico al de su sueño.

Héctor, que nunca había sido muy asustadizo, trató de encontrar explicación: ¿una gotera?, ¿una tubería rota?, todo parecía imposible pues ni estaba lloviendo ni había ninguna bajante de agua en el cuarto. Descolgó el cuadro y lo dejó sobre una silla de la habitación para comprobar que no hubiera ninguna mancha de humedad detrás del lienzo: no había nada extraño. Intentó calmarse y no darle más importancia, pero esa noche no pudo volver a dormir y sin poder evitarlo seguía echando miradas furtivas al niño del cuadro que reposaba sobre la silla.

Al llegar la mañana desayunó, se aseó y decidió salir a buscar más información sobre el artista. Su búsqueda en la biblioteca no tuvo éxito, toda una mañana perdida entre libros. Pero había algo que no cuadraba, el estilo le resultaba familiar e incluso estaba seguro que había visto ese apellido en alguna otra parte. Así que decidió consultar a Ernesto, otro traficante de obras de arte como él, con el que había tenido más de una vez algún problema al tratar con los mismos clientes o pujar en alguna subasta por el mismo cuadro.

– Vaya, vaya, mira a quien tenemos aquí – dijo Ernesto –; si es mi gran amigo Héctor, supongo que ya no estás resentido porque la condesa no te comprara aquel horroroso retrato.
– Buenas tardes, Ernesto, digamos que la cosa quedaría en paz si me ayudas a encontrar algo de información sobre un artista – le dijo mientras le tendía el trozo de papel donde estaba apuntado el nombre del autor.
– Hombre, pero si es mi gran amigo Bragolin, por supuesto que puedo darte información, pero el tema es… ¿qué saco yo a cambio? – dijo devolviendo el papel a Héctor.
– Supongo que lo de que quedemos en paz no es suficiente, ¿no?.
– Hombre, yo estaba pensando en algo más como un 30% de la venta; si es el cuadro que pienso, hay un buen beneficio para ambos.
– Un 20% y es mi última oferta (esa frase parecía funcionarle siempre).
– De acuerdo, un 25% y dejamos “en paz” el tema de condesa, al fin y al cabo somos “colegas” en este negocio.

Héctor asintio y tomó asiento en un viejo sillón que Ernesto le indicó con la mano.

– Como habrás podido adivinar el nombre de Giovanni Bragolin no es más que un pseudónimo, el nombre real del artista es Bruno Amadio. Es un fascista detestable y sin escrúpulos del que se dice que tuvo que huir de Italia al acabar la guerra. Hace un par de años me crucé con él medio por casualidad en una taberna sevillana, estaba tan borracho que no paraba de decir estupideces sobre el Diablo y todo el dinero que iba a ganar. Lo cierto es que poco tiempo después el pseudónimo con el que firmaba sus obras se empezó a hacer muy popular y escuché que consiguió vender varias de sus obras a una duquesa. Pero el hombre estaba tan desquiciado que parece que no pudo disfrutar mucho de su fortuna, se mudó aquí a Madrid y desapareció.

Héctor, que se había mantenido callado escuchando con atención, le preguntó:

– No quisiera arriesgarme a vender una obra robada aquí en España, ¿no será el cuadro que compré uno de los de la duquesa?
– No, por eso no te preocupes, hasta donde sé ha pintado 27 retratos de niños llorando, pero nunca ha conseguido el mismo realismo que fue capaz de imprimirle al primero. Los 26 restantes son mas o menos conocidos y se pueden localizar con facilidad, incluso hay algunas falsificaciones circulando. Pero algo me dice que el que tienes tú es el primero, la cara con la que me escuchabas es la misma que puse yo cuando vi el cuadro aquella noche en Sevilla. ¿Es precioso verdad? Esos ojitos parecen estar llorando de verdad.
– Ni te lo imaginas, es tan bonito que cuesta desprenderse de él.
– Pues, amigo, te aseguro que cuando se lo llevemos a la duquesa vas a tener como poco más de 100.000 razones para querer venderlo.

Héctor y Ernesto se estrecharon la mano y quedaron en partir hacia Sevilla al día siguiente. Lo que había escuchado era mucho más de lo que jamás había podido imaginar, un auténtico dineral en la época y de paso se podría deshacer de ese cuadro que le provocaba escalofrios y ternura a partes iguales.

Tras tomarse una cerveza en el camino para celebrarlo y cenar algo en una tasca de mala muerte justo bajo su casa, Héctor subió a apartamento y entró en su dormitorio…

En el suelo estaba el cuadro que parecía haberse caído de la silla donde lo dejó por la mañana, lo volvió a subir a la silla, verificando que no se hubiera roto con el golpe, y se desvistió para ir a dormir. Mientras se quitaba la ropa escuchó nuevamente como el cuadro golpeaba el suelo, era como si tuviera vida y no quisiera estar relegado a un lugar tan ruín como una silla. Héctor no quería arriesgarse a romper una obra tan preciada, así que colgó el cuadro nuevamente en la pared donde lo había hecho la noche anterior. Pasados unos minutos, el cansancio de no haber pegado ojo la noche pasada le pasó factura y cayó en un profundo sueño.

Exactamente a la misma hora que la noche anterior un llanto le despertó, el hombre se levantó y, como la noche pasada, pudo verificar que las lágrimas del niño salían del cuadro y mojaban el suelo. El niño se giró y fijó sus ojos sobre los suyos, sólo que esta vez Héctor no reculó ni retiró la mirada. Se quedó buscando una explicación en el interior de los ojos del chiquillo. Sin saber muy bien cómo, pareció adentrarse en sus pensamientos y pudo ver lo que tanto temía…

Como si de un simple espectador se tratase, pudo ver la estampa de un orfanato italiano en la que se agolpaban decenas de niños que habían perdido a sus padres, entre todos ellos pudo distinguir al niño de su cuadro, llorando en una esquina de forma desconsolada. Un hombre vestido con el típico uniforme de las Camisas Negras (fascistas italianos) le retrataba sin dejar de insultarle y golpearle con sus duras botas militares cada vez que cesaba el llanto. Había algo malvado en aquel hombre pues, como si estuviera poseido, pintaba a una velocidad infernal y sonreía con una grotesca mueca de satisfacción cuando veía al pequeño llorar.

La siguiente imagen que le vino a la mente fue la del cuadro en uno de los pasillos del orfanato. Por alguna extraña razón el artista lo había dejado allí mismo tras concluir su obra. Cuando los niños estaban durmiendo el cuadro tomó vida como en su sueño, primero los ojos del niño se volvieron rojos y después una bocanada de llamas comenzó a brotar de los marcos del cuadro, misteriosamente sin dañar el lienzo que parecía no poder quemarse con las llamas.

El fuego rápidamente se propagó cerrando la única posible vía de escape de decenas de niños huérfanos que gritaban de dolor cuando las llamas comenzaron a quemar sus pequeños cuerpecitos. El niño del cuadro asistió muerto de miedo, desde una esquina de la habitación, a cómo el resto de sus compañeros ardían uno por uno, era como si el fuego se comportara de una forma inteligente y le dejara para el final disfrutando de sus lágrimas y del sufrimiento que sentía al ver morir a sus amiguitos. Hasta que finalmente el mismo niño ardió profiriendo horribles gritos de dolor que duraron más de dos minutos.

De nuevo la imagen cambió y pudo verse el orfanato devastado y derruido por las llamas, sobre los restos humeantes había un objeto que parecía no haber sufrido las inclemencias de las altas temperaturas, un lienzo parcialmente enrollado en el que podía verse el rostro lloroso del niño que había muerto esa misma noche junto a sus 26 compañeros. El hombre vestido con el uniforme fascista caminó sobre las ascuas del orfanato como si el calor no le afectara y recogió su obra. Al extenderla, la miró fijamente a los ojos y éstos se volvieron rojos y una voz de ultratumba le dijo:

– Con esto se completa nuestro pacto, nunca más sufrirás por dinero o tendrás necesidad, disfruta de tu vida terrenal, pues yo te estaré esperando en la otra vida.

Héctor veía todo como un simple espectador hasta el momento que escuchó al mismo Diablo proferir aquellas palabras, en ese momento dio un paso atrás y pudo ver como el niño del cuadro le miraba fijamente con los ojos rojos y su boca comenzaba a moverse:

– Tú me has llamado, ¿qué es lo que deseas?, ¿dinero?, ¿mujeres?. Todo lo que quieras yo te lo daré.

Héctor saltó hacia atrás sobre la cama con la mala fortuna de que se golpeó en la cabeza al rodar sobre ésta: el golpe pareció despertarle de su pesadilla, ya que al mirar nuevamente al cuadro, éste mostraba su aspecto normal, el de un niño llorando desconsoladamente.

Pero sabía que no había sido un sueño, un pequeño charco bajo el cuadro delataba que lo que había visto y vivido era real… Sin importarle el dinero que supuestamente iba a recibir por el cuadro, fue corriendo a la cocina, sacó un cuchillo de un cajón y se dirigió corriendo con la intención de desgarrar el cuadro y acabar de una vez con la maldición. Pero al entrar en la habitación la puerta se cerró de un fuerte golpe detrás de él y el cuadro nuevamente mostró su lado más diabólico cuando el niño, con los ojos rojos, se giró a mirarle. Una vez más las llamas comenzaron a quemar todo a su alrededor y Héctor no pudo más que sufrir una de las muertes más atroces posibles mientras el fuego parecía deleitarse con su sufrimiento, quemándole léntamente hasta dejarle totalmente carbonizado.

Misteriosamente ninguna otra parte del edificio ardió y los vecinos no escucharon los alaridos de dolor de Héctor, por lo que a la mañana siguiente, cuando Ernesto pasó por el apartamento de Héctor para emprender juntos su viaje a Sevilla, encontró la puerta abierta y temiendo lo peor entró en el cuarto de su “colega” de profesión, donde encontró todo carbonizado… salvo el lienzo del niño llorando sobre el cuerpo abrasado de Héctor.

Ernesto nunca había sido un hombre con escrúpulos y no iba a empezar a serlo esa mañana, así que tomó el cuadro y salió corriendo del lugar antes de que la policía o algún vecino pudiesen descubrir el destino de Héctor. Debía darse prisa para llegar a Sevilla y poder vender ese cuadro… o tal vez no, pensó mientras lo miraba sentado en uno de los asientos del tren.

Leyenda Urbana






"Cada uno actúa de acuerdo a su sentido de justicia; tú tienes tu justicia y yo tengo la mía, nosotros somos hombres ordinarios, obligados a buscar venganza bajo la bandera de la justicia, pero, si hay justicia en la venganza, entonces, la justicia solamente traerá más venganza y eso desencadenará un ciclo de odio"
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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KenshinCroft el Sáb Oct 31, 2015 10:37 am

Saludos gente!! Aquí dejo otra leyenda popular de mi país, México:

LA MALTOS



Una de las leyendas clásicas más apasionantes de México, es sin duda ésta cuyos hechos se desarrollaron en la muy leal, noble y aurífera ciudad de San Luis Potosí.

Desde su fundación ha sido un lugar de población numerosa, porque a raíz del descubrimiento de las minas de San Pedro muchos buscadores de oro llegaron atraídos por tal acontecimiento. Era una abigarrada población en la que había personas de todas clases socioeconómicas, pero se distinguían básicamente dos: los patrones de hacienda y los peones, servidores, que a veces llegaban a ser esclavos.

En el sitio que hoy ocupa el magnífico edificio Ipiña había un pequeño manantial; como el agua ha sido en San Luis un líquido muy preciado, alrededor de dicho manantial germinó una enorme huerta, donde se erigieron diversas construcciones coloniales: cuartos amplios, alta techumbre, corredores. Una de esas casas precisamente se destinó para recluir, aunque de manera provisional, a las personas que tenían la desventura de caer en manos de los inquisidores donde eran interrogados, torturados y por fin recibían la sentencia que les aplicaban por herejía, lectura de libros prohibidos, prácticas de sectas religiosas y hechicería.

Una mujer de muchas agallas, conocida como La Maltos, tuvo su residencia oficial en la casa que acabamos de referir. Se decía que dicha mujer practicaba la brujería, espiritismo, magia negra y otras costumbres que hoy no son perseguidas. Por paradójico que parezca, La Maltos llegó a obtener mando de inquisidora lo que en aquellos tiempos significaba tener mucho poder, tanto, que a cualquier persona que esta mujer quisiera perjudicar, bastaba que la acusara de alguno de esos delitos tan perseguidos para hundirla, ya que sin más investigación, se le aplicaba tormento y muchas veces era deportado o se le mataba en las mazmorras de dicho edificio; es decir, como también ocurría con la Inquisición en la capital.

El solo nombre de La Maltos infundía pavor, pues interrogaba a los reos con lujo de crueldad y gustaba de sacrificar personalmente a sus víctimas. Como además sabía malas artes, decían que tenía pacto con Satanás; en fin, era una mujer diabólica. Por todo eso la gente le temía, aún los políticos y personas de renombre, quienes preferían tener amistad con ella en lugar de tenerla como enemiga, porque ya fuera en forma de acusación o por sus brujerías, estaba en condiciones de perjudicar a quienes ella quisiera.

Se dice que hacía aparecer en el interior de sus aposentos caballos negros, perros descomunales y hasta lobos, así como carretas tiradas por caballos. Se cuenta que solía salir por las calles de la ciudad a horas altas de la noche en un carro tirado por dos briosos caballos, lo cual hacía de la siguiente manera: en el muro de su habitación dibujaba un coche tirado por dos enormes caballos negros, se colocaba en el supuesto asiento delantero empuñando simuladamente las riendas, pronunciaba unas palabras cabalísticas y ordenaba a los caballos arrancar; entonces cobraban vida, carruaje y corceles, mismos que en forma estrepitosa salían a rodar por las empedradas calles de la ciudad, sacando enormes chispas de fuego: recorría los caminos envuelta en llamas y la gente decía santiguándose: "Allí va La Maltos, la mujer infernal, la bruja".

Sus fechorías no tenían freno, a tal grado que se complacía en destruir a altas personalidades. Al fin La Maltos cometió un error grave de funestas consecuencias; ocurrió que se extralimitó en una ocasión al sacrificar a dos personas de mucha influencia política y económica.

Entonces el alto mando inquisidor dio orden de arrestarla y enviarla a presidio a la Ciudad de México. La policía rodeó la casa donde vivía La Maltos, las autoridades entraron a capturarla, nada podía hacer que escapara de aquella sentencia; entonces se refugió en el último reducto que era su amplia habitación; pero hasta allí llegó un jefe de la policía acompañado de dos subalternos; la inquisidora destronada no tuvo más remedio que entregarse humildemente diciendo:

- Ha llegado la hora de perder, no puedo resistirme ante la fatalidad, aunque mis poderes no se han menguado, pues cuento con facultades que me han otorgado los dioses y está en mi mano destruirlos en este momento, si así fuesen mis deseos; no obstante debo obedecer los mandatos de fuerzas superiores y me entrego a vosotros. ¿Puedo pedirles un último favor, una gracia? Al ver la tranquilidad de la reo, quedaron asombrados los hombres que iban con la misión de aprehenderla y el Jefe de Policía contestó:

- No es culpa nuestra, nosotros sólo obedecemos órdenes superiores y créame que en estos momentos quisiera no ser yo el que ejecutase esta orden: mas me ha tocado en suerte venir a realizar algo que no quisiera, presentarla ante la justicia mayor, para que sin duda se cumpla la sentencia a la que habéis sido acreedora.

- Nada temáis y no os preocupéis por mí; no cobraré venganza contra vosotros, pero ¡ay del que haya sido causante de mi mal! Tendrá que arrepentirse mil veces; en fin, llevad a cabo vuestra tarea; el tiempo apremia. Mas cumplidme sólo éste último deseo: quiero dejar aquí, en éste salón, un recuerdo imperecedero; haré un hermoso dibujo.

La hechicera, con el dedo índice de la mano derecha, trazó en la pared primero los contornos de una carroza, luego las ruedas, la portezuela y dos grifos gigantescos que la jalaban; al conjuro de unas palabras cabalísticas, la carroza parecía moverse.

Sonriendo, La Maltos volteo hacia sus aprehensores diciéndoles: "Os invito a que viajéis conmigo por lo ancho y largo de los continentes conocidos". Ante la mirada estupefacta de los hombres armados, que permanecían como clavados en el piso, subió ágilmente y la carroza se fue perdiendo en un horizonte sin límites.

Salieron despavoridos el jefe policiaco y sus ayudantes a narrar lo acontecido pero, por supuesto, nadie les creyó. Lo cierto es que nunca más se volvió a saber de La Maltos.




Fuente: Mi San Luis Potosí










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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KyoUchiha el Mar Nov 03, 2015 2:07 pm

Nombre del usuario:Kyo Uchiha

Nombre de la leyenda: El cuero

Spoiler:

Link de la leyenda: El Cuero

También conocido con el nombre de cuero del agua, cuero vivo, manta o manta del Diablo (en mapudungun, trülke wekufe,1 "cuero-wekufe"), es un animal acuático presente en la mitología chilota, y posteriormente incluido en la mitología del centro y sur de Chile, y en parte de la zona del suroeste de Argentina.


Esta mítica criatura sería un cuero de vacuno (la piel extendida de un vacuno) o de varios cueros de animales que se transformaría en una criatura alada. Al transformarse en serpiente voladora, en el borde de su cuerpo poseería unos apéndices similares a unas garras o espinas filosas como garfios. Sobre un extremo de su cuerpo, en donde se cree estaría la zona que correspondería a su cabeza, sobresaldrían dos apéndices similares a tentáculos que terminarían en un par de ojos desorbitados de un color rojizo.

En el centro de la parte de abajo de su cuerpo, estaría su boca, muy parecida a una enorme ventosa, con la cual podría absorber completamente los fluidos de su presa, hasta dejarla seca y muerta.

Debido a la descripción de su cuerpo aplanado, algunas personas lo asocian con una criatura semejante a una mantarraya.

Leyenda de "El cuero"


Las leyendas cuentan, que estas criaturas estarían habitando en numerosos lagos, lagunas y ríos de los territorios de Chile y Argentina; y en menor medida en el mar. En aquellos lugares, como el caso del archipiélago de Chiloé en Chile, se cuenta que atacaría principalmente presas animales y en menor medida a seres humanos y embarcaciones pequeñas.

Su manera de atacar sería más frecuentemente al atardecer, acercándose de manera sigilosa a su presa; que puede estar en la orilla, o bien bebiendo o bañándose en el agua, o dentro de una embarcación. Se dice que luego de estar lo suficientemente cerca, con sus poderes hipnotizaría a su víctima; y posteriormente mediante sus afiladas uñas atraparía a su víctima o a la embarcación y la arrastraría hacia al fondo. Ya en el fondo, envolvería rápidamente a su presa y la mataría por sofocamiento; y ahí la devoraría absorbiéndole completamente la sangre y otros fluidos. Debido a sus características, el Cuero suele ser a veces confundido con el Guirivilo.

Protección


Para poder lograr matar a un cuero, se necesitaría la ayuda de una Machi experta, la cual con sus habilidades atraería al cuero hacia la orilla. Al tenerlo ya a la vista, lo engañaría arrojándole ramas de calafate. El Cuero, engañado por el poder de la Machi, creería que las ramas serían una posible presa; sin embargo, al atacar y apretar con fuerza las ramas, las espinas de las ramas se enterrarían en su cuerpo y el cuero se desgarraría y sangraría hasta morir su cuerpo material.







"Cada uno actúa de acuerdo a su sentido de justicia; tú tienes tu justicia y yo tengo la mía, nosotros somos hombres ordinarios, obligados a buscar venganza bajo la bandera de la justicia, pero, si hay justicia en la venganza, entonces, la justicia solamente traerá más venganza y eso desencadenará un ciclo de odio"
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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KenshinCroft el Mar Nov 03, 2015 2:24 pm

Saludos gente!! Aquí dejo una leyenda del México colonial, conocido en esas épocas cómo: "La Nueva España"

Nombre de usuario: KenshinCroft

El Callejón del Suspiro

(Actualmente, callejón 5 de Mayo)

Cuenta la leyenda que a mediados del siglo XVII la capital de la Nueva España era prodigiosa en fantasmas, aparecidos y fenómenos sobrenaturales, y que en aquel entonces todas las noches un ser espantoso se aparecía en el Callejón del Suspiro, lanzando horribles y temibles lamentos, que según cuentan los viejos, provocaron muchas muertes y terror entre los habitantes.

En una silenciosa y oscura noche mientras un caballero caminaba por aquel callejón, de pronto se detuvo al escuchar un extraño ruido que semejaba un doliente suspiro. Su cuerpo se estremeció y de inmediato preguntó:

--¿Quién va?, ¿quién anda ahí?

Pero no hubo respuesta. Después de unos momentos, el doloroso gemido se dejó escuchar otra vez, pero ahora en forma tan profunda que el caballero sintió un agudo escalofrío que congeló su sangre. Aquel suspiro semejaba el quejido angustioso de un agonizante. Pensó que quizá alguien intentaba asaltarlo y empuño su espada dispuesto a enfrentarlo. De pronto, al tiempo que el suspiro se dejó escuchar nuevamente, apareció un fantasma. El caballero gritó despavorido:

--¡Vive Dios!, pero si no sois un ser viviente, ¡sois un muerto!

El fantasma se le acercó lentamente mientras el caballero daba pasos hacia atrás gritando que no quería tener nada que ver con seres del otro mundo, mas como el fantasma volvió a emitir desgarrador suspiro, el caballero, aterrorizado se echó a correr; dejando caer su espada, único testigo de aquella escalofriante aparición.

Pasadas algunas noches, dos borrachines alegres cruzaban por el callejón, cuando de pronto, a lo lejos, vieron una dama. Ambos pensaron que justamente era una mujer lo que necesitaban para completar su juerga. estaban tan borrachos que casi no podían tenerse en pie, pero de cualquier forma se le acercaron para aboradarla y, cuando la tuvieron frente, la espantosa aparición emitió aquel doloroso y terrible suspiro. Los hombres gritaron:

--¡Es una muerta!, ¡huyamos!, ¡salgamos de aquí!

Al instante corrieron llenos de pánico hasta desaparecer en la oscuridad de la noche.

Noches después, el criado del Marqués de Falces tuvo que cruzar por el extraño callejón para acortar distancia y cumplir con el encargo de su amo. Caminaba a toda prisa, cuando indesperadamente aquella imagen fantasmal le salió al paso emitiendo el doloroso suspiro. el hombre, al verla, se desplomó y cayó al suelo.
Horas después, cuando los soldados de la ronda pasaron por el callejón, lo encontraron muerto.

Lo extraño es que el cuerpo no presentaba ningún signo de violencia, heridas ni golpes. Uno de los soldados explicó al capitán que eran ya varias la veces en había visto morir a la gente de esa misma forma y seguro estaba de que ese hombre murió de miedo, además, de que al vulgo le había dado por llamar a ese callejón el "Callejón del suspiro", porque decian que ahí se aparecía un fantasma suspirando.

Tres noches después de ese lamentable acontecimiento, precisamente en la noche de Santa Eduwiges, en una de las calles cercanas al ya temido callejón, se descompuso el carruaje de doña Delfina de Sotelo. Ella y sus dos hijos caminaban después de salir de misa de gallo y se dirigían a su casa situada en la calle de la Joya. Doña Delfina propuso acortar la distancia cruzando por el tenebroso callejón.

La familia se aventuró por el callejón, y al poco tiempo la fantasmal aparición bloqueó su paso emitiendo el espeluznante y tenebroso suspiro. Doña Delfina apenas tuvo tiempo de gritar y cayó muerta. su hija al verla, desesperada abandonó el callejón víctima del indescriptible pánico. Corrió pidiendo auxilio y encontró a dos hombres que detuvieron su frenética carrera. La muchacha al verlos, sólo pudo decir, al tiempo que señalaba con su dedo hacia el callejón:

--¡Allá en el callejón...! ¡allá....!, ¡mi madre!

Y entonces se desmayó.

Los caballeros llegaron al callejón y sólo encontraron al pequeño hijo de doña Delfina como idiotizado ante el cadáver de su madre. Sin poder explicarse el motivo de tal tragedia, llevaron al niño al cercano Convento de San Francisco y dieron parte a la justicia.

La justicia representada por el santo ificio tomó cartas en el asunto y a juzgar por las investigaciones de ese santo tribunal, ya eran once las muertes que había causado la aparición fantasmal, y ante tales hechos criminales, el oidor mayor ordenó que se buscara y se apresara al alma de la mujer desconocida, y una vez aprehendida, fuera conducida ante el santo tribunal para ser juzgada.

Los miembros de la santa hermandad llegaron al callejón e invocaron al fantasma llamándolo tres veces, pero no respondió. Todos los ojos escudriñaron en las sombras esperando ver al ser del otro mundo, pero el fantasma no apareció. Entonces decidieron regresar al día siguiente para intentarlo otra vez.

A la medianoche del siguiente día, el aparato religioso que luchaba contra los trasgos y demonios regresó al callejón, mas llamado nuevamente tres veces, el fantasma no respondió, ni se apareció durante varias noches, después de habérsele invocado inútilmente.

Semanas más tarde, fray Matías de Tolentino regresaba a su convento después de haber confesado a un agonizante. Era viejo y deseaba acortar sus cansados pasos para recogerse en la quietud de su monasterio, cuando escuchó aquel tenebroso suspiro.

Fray Matías gritó:

--¡Dios sea bendito y alabado! ; ¡aparición del otro mundo que por la tierra vagas! ¡qué deseas de este humilde fraile! ¡Habla en nombre de Dios!; mas hazlo pronto, pues mi alma es tan vieja como mis huesos y no resistiré mucho tu presencia.

Y entonces por primera vez, de la boca descarnada de aquel fantasma, escapó una voz que sonaba hueca y olía a humedad de tumba.

--Mi nombre en vida fue el de Anunciación Avelar y estuve comprometida en matrimonio con don Alonso García de Quevedo.

De pronto el viejo fraile, en la confusión de su mente vio claramente la imagen encarnada de aquel fantama, quien le relató su triste historia infiriendo la causa por la que deambulaba por el callejón. Esta es la historia escrita, posteriormente, por el fraile:

"Doña Anunciación estaba ansiosa por casarse pero temía que don Alonso, el novio que estaba en España, no llegara en la fecha fijada para la boda. Don Gabriel, su padre, aseguraba que don Alonso llegaría a tiempo. Desgraciadamente los temores de doña Anunciación se hicieron realidad: el caballero que tan ansiosa esperaba, nunca llegó y jamás se supo si fue muerto o cambió de idea. al paso de los años Anunciación se encerró, no comía y apenas dormía. No cesaba de llorar y suspirar, y entonces enfermó. Meses después murió entre gemidos y suspiros. Los médicos dijeron que su muerte se debió a una tuberculosis provocada por la pena y el ayuno."


Cuando oyó esto, el viejo fraile le pidió que callase y lo dejara en paz, pero la fantasmal figura le dijo angustiada que sólo él podría ayudarla, casándola. Consternado, fray Tolentino le dijo que no era posible casar a una muerta y a un ser de este mundo; el espectro le pidió que los casara en espíritu, porque ya estaba cansada de penar desde hacía cien años. Fray Tolentino mostrándole una cruz exclamó:

--¿Cien años? ¡Regresa a tu lugar espíritu errabundo! ¡Yo te lo ordeno en nombre de Dios!

Entonces el fantasma se esfumó en la penumbra y el fraile emprendió el regreso a su convento.

Así transcurrieron seis años más sin que la santa hermandad lograra atrapar al fantasma. Les resultaba imposible apresarlo y fue entonces que decidieron tapiar el callejón.

Después de 50 años la gente se olvidó del Callejón del Suspiro.

Pero cuenta la leyenda que un día, un caballero vestido con suma elegancia al estilo del siglo pasado, estuvo recorriendo las calles cercanas a la Plaza Mayor.
Aquel caballero misterioso, angustiado preguntaba a cuanto transeúnte se topaba con él por el paradero de doña Anunciación Avelar, pero nadie supo darle razón de ella.

Y así pasaron varios meses, hasta que una noche después de tanto caminar el caballero misteriosom sin proponérselo, llegó al Callejón del Suspiro, el cual, en ese entonces había sido destapiado.

En ese momento algo llamó su atención: era la luz de una casa que se encontraba al fondo de aquel callejón; sus ojos brillaron de alegría y presuroso llegó hasta la puerta de esa casona. Tocó varias veces hasta el mozo le abrió.

--¿Vive aquí doña Anunciación Avelar?--preguntó el caballero. El mozo contestó:

--En efecto, aquí vive y lo está aguardando.

El caballero entró. De pronto sintio que alguien le llamaba, que le atraía poderosamente una figura fantasmal vestida de novia. A diferencia de toda la gente, él no sufrió impresión alguna al ver a la muerta. Con gran emoción dijo:

--¡Doña Anunciación!

Y ella le contestó:

--¡Don Alonso!

Al tiempo que extendieron sus manos descarnadas y se besaron con amor. Después, tomados del brazo como dos enamorados, salieron de la casa y se encaminaron por el callejón hasta llegar a la capilla de San Francisco. Ahí los recibió un fraile quien, en ese momento, no pudo mirarles el rostro que ambos llevaban cubierto.

El caballero misterioso pidió hablar con fray Matías Tolentino. El fraile contestó que había muerto hacía ya cincuenta años, pero que él era su sobrino y que estaba en la mejor disposición de ayudarlo; entonces el caballero le solicitó que los casara en ese preciso momento, pero el fraile contestpo que sería más pridente esperar al día siguiente para realizar la ceremonia de acuerdo a las normas cristianas.

La boda se celebró casi en tinieblas, y como si el sobrino del viejo fray Matías de Tolentino obedeciera antiguos mandatos, procedió al casamiento y pronunció estas palabras:

--En nombre de Dios, han quedado unidos en matrimonio y que sólo la muerte los separe.

--No fray Tolentino--respondió el caballero--, esta vez será al contrario, la muerte nos unirá.

Y con pasos silenciosos que no resonaban en la quietud de la bóveda de la capilla, los recién casados se alejaron, mas antes de alcanzar la puerta, el fraile los detuvo para preguntarles sus nombres.

--Mi nombre es Alonso García de Quevedo,--respondió el caballero, y a la luz de un cirio, la dama dijo:

--Yo me llamo Anunciación Avelar.

El fraile sintió congelar su sangre y lleno de pánico gritó:

--¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡He casado a una muerta!

Corrio a su celda en donde hojeó un antiguo libro. Era el mismo libro que le dejara su tío en donde escribió el relato aquel de La aparición del callejón del suspiro.

Al día siguiente, los tempranos moradores de la capital de la Nueva España, descubrieron fuera de la iglesia el cadáver dl misterioso caballero y dieron parte a la justicia. Los alguaciles acudieron y entre las ropas del muerto, encontraron un documento que lo acreditaba ser don Alonso García de Quevedo.

Cuabdo el sobrino del fray Tolentino se enteró de la muerte de don Alonso, acudió al tribunal del santo oficio, pero pese a que llevaba consigo el testimonio del viejo libro donde se asentaba el relato de su tío, nadie le creyó.






Fuente: Leyendas y Tradiciones de la Colonia, Editorial: RMT Ediciones












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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KyoUchiha el Mar Nov 03, 2015 2:36 pm

Nombre del usuario:Kyo Uchiha

Nombre de la leyenda: El Trauco

Spoiler:

El Trauco es un misterioso ser que habita únicamente en los bosques de la isla de Chiloé en el sur de Chile.
Seductor de mujeres jóvenes, enano de no más de 80cm de estatura, deforme y repelente, de facciones toscas y muy fuerte, similares a un tronco de un árbol. Viste de Quilineja (planta nativa), con un sombrero cónico del mismo material. Siempre porta un hacha de piedra y un bastón retorcido de madera llamado “Pahueldún”. Sus piernas terminan en simples muñones pues no tiene pies.

El Trauco, siempre alerta en espera de su víctima, pasa gran parte del día colgado en el gancho de un corpulento árbol llamado “tique” (autóctono de Chiloé, también conocido por Olivillo). Si alguien lo molesta es capaz de matarlo con la mirada, dejarlo deforme o sentenciado a morir antes de un año. Nunca actúa frente a testigos.

A  las mujeres jóvenes se le aparece en sueños, erotizadas y embrujadas de amor se las lleva hacia el bosque. Allí, sumergidas en este engaño, las posee.

Durante la noche, el Trauco regresa a compartir la compañía de su mujer gruñona y estéril; la temida Fiura.
Las seducidas aseguran que es un ser fecundador sobrenatural e inevitablemente  atrayente. Del cual ninguna mujer soltera y joven está suficientemente protegida.

El Trauco es la explicación  de la paternidad de todos los hijos naturales de Chiloé de antaño. Así el nacimiento no afectaba socialmente ni a la madre ni al niño, puesto que ambos están relacionados con la magia de un ser extraterreno.


Fuente: Comunidad Chile. Reino Unido








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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KenshinCroft el Miér Nov 04, 2015 7:16 pm

Saludos gente!! aquí les dejo otra leyenda de México:

Nombre de Usuario: KenshinCroft

Leyenda:

"LA PASCUALITA"




Nuestro país es rico en leyendas. Prácticamente no hay ninguna entidad del país donde no haya ocurrido un suceso extraordinario, que con el paso del tiempo se fuera transmitiendo de generación en generación hasta arraigarse cultura popular.

Una de las leyendas más extraordinarias tiene lugar en una tienda de vestidos de novia en Chihuahua, donde desde hace décadas un maniquí del aparador es objeto de múltiples relatos de corte sobrenatural.

Le llaman “La Pascualita”, y basta con mirarla un rato para descubrir que sus rasgos y detalles son escalofriantemente reales: La expresión de sus ojos, las líneas de sus manos y forma de las uñas, el pelo insertado en su cuero cabelludo, o su tez de apariencia humana son algunos de estos elementos desconcertantes que le han dado fama a este enigmático maniquí.

Spoiler:

La historia se remonta al 25 de marzo de 1930, fecha en la que Pascualita Esparza Perales de Pérez, dueña de la tienda de vestidos “La Popular”, colocó en el aparador un extraño maniquí que de inmediato llamó la atención de los clientes y los transeúntes debido a su belleza.

La señora Esparza la llamó “La Chonita”, pues decía que el maniquí le había llegado procedente de Francia un 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción.

Por su porte y figura, “La Chonita” fue considerada por décadas La novia más bonita de Chihuahua y alrededor de ella comenzaron a tejerse varios mitos. El más escalofriante hace referencia a una hija de doña Pascualita Esparza que falleció el día de su boda después de ser picada por un alacrán que se había escondido en su tiara. Consternada, su mamá la embalsamó y la colocó como maniquí en el escaparate, para así tenerla siempre junto a ella.

Aunque este relato podría parecer fantasioso, lo cierto es que Doña Pascualita Esparza nunca desmintió el rumor. Tras su muerte en 1967, la tienda tuvo nuevos dueños pero el maniquí se mantuvo en el aparador, ante el beneplácito de la sociedad que ya se había acostumbrado a su presencia y dejó de llamarla “Chonita” para ahora ser nombrada popularmente como “La Pascualita”.

Actualmente la historia sigue viva. Por años se han acumulado relatos de quienes aseguran que la han visto moverse, llorar o cambiar su expresión. Su presencia a muchos les desconcierta pues se sienten seguidos por la mirada; de hecho, no son pocos quienes prefieren cambiarse a la acera de enfrente con tal de no pasar junto a ella.

Aún así, este maniquí también trae buena suerte, o eso piensan varias novias que acuden a la tienda en busca de un vestido para contraer nupcias e inmediatamente piden el que ese día trae La Pascualita. Según cuentan, varias generaciones han aplicado esta formula y han tenido suerte en sus matrimonios.

Aquí un pequeño reportaje:

Spoiler:




Fuente: Sopitas.com










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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KyoUchiha el Jue Nov 05, 2015 11:50 am

Si, había visto sobre esa leyenda urbana me sorprendio bastante, pero quien sabe

Kyouchiha

El Caleuche.

Spoiler:


El Caleuche, (del mapudungun kalewtun, "transformar, trocar" y che, "gente": "gente transformada"), también llamado Buque de Arte, Barcoiche, Buque Fantasma o Barco de los Brujos, es un legendario barco fantasma de la mitología de Chiloé en el sur de Chile.

Origen de la leyenda y versiones

La leyenda del Caleuche se relaciona con muchos aspectos de la historia y de las creencias del Archipiélago de Chiloé.
En el libro de la mitología de Chiloé , (autor Renato Cárdenas ) Recopilación de historias leyendas y creencias mágicas obtenidas de la tradición oral :

El Caleuche es el Marino, el Buque de Arte, el Buque de Fuego, el Barcoiche , son todos los nombres tabueicos dados a El Caleuche, ese maravilloso barco que lleva música y luz por los numerosos canales chilotes, ciertas condiciones como los días de neblina, hacen posible verlo o sentirlo , Ruidos de cadenas, de fiesta , música , y una magistral figura de buque escuela, lo hacen inconfundible , Para algunos es una visión incorpórea y puede atravesar a otra embarcación, otros señalan que han estado hasta en fiestas en su interior, aunque ellos prefieren hacerlas en tie­rra, donde haya mujeres , para eso se conciertan con comerciantes que tengan hartas hijas y El Caleuche los aprovisiona de mercaderías como retribución , así los lugareños explican el rá­pido surgimiento de algunos comerciantes a los que no se les ve comprar nada y prosperar rápidamente, estos protegidos de El Caleuche generalmente tienen gallinas negras y botes alquitranados con sogas de quilineja.

El Caleuche puede desaparecer y adoptar las formas que desea para no ser visto y los marinos pueden transformarse en lobos o cahueles (delfines) , Otra cualidad es la ex­traordinaria velocidad que alcanza. Para observarlo y no ser visto hay que ponerse una champa en la boca, porque lo primero que ellos sienten es el aliento. También hay algunos árboles tras de los cuales uno se puede ocultar para no ser llevado por el Caleuche, entre ellos el maqui y el tique , La gente tiene el temor de ser llevada por el Buque de Arte, así que nunca está de más tomar precauciones.

Muchos piensan que los marinos de este barco llevan una pierna pegada al espinazo, igual que el invunche , Sin embargo, otros los describen como personas muy bien presentadas, con ropas especiales y al saludarlos uno aprieta una mano muy fría , En general son correctos en su trato y con ayuda de sus colaboradores del mar recogen a los náufragos. Algunos piensan que su puerto final es la Ciudad de los Césares, lugar maravilloso en­clavado en algún punto de la Cordillera de Los Andes y donde sus residentes viven eternamente. Al navegar hay que hacerlo con respeto recomiendan los marinos chilotes, no se debe ni cantar, ni silbar, ni armar desorden esto enoja a El Caleuche y quizás qué resultado puede acarrear.

Entre las varias hipótesis que se han propuesto en el origen de la leyenda, se sugiere que puede ser una readaptación de la leyenda europea del barco fantasma conocido como «el holandés errante. También se ha sostenido que se basó en hechos reales, tales como la desaparición del barco holandés «El Calanche» o en las desapariciones misteriosas de expediciones españolas al Estrecho de Magallanes. Otra posibilidad es que la leyenda tenga como fundamento la llegada al archipiélago de buques corsarios holandeses, entre ellos, el dirigido por Baltazar de Cordes, una expedición que en 1600 capturó la isla por un breve periodo. Otra interpretación sostiene que originalmente fue solo una invención para ocultar operaciones de contrabando en el archipiélago de Chiloé.
Hay quienes igualmente relacionan su origen con el fenómeno de los osnis (‘objetos sumergibles no identificados’).

En definitiva, existen varias versiones que se complementan y/o que a veces difieren mayor o menormente en los detalles. Sin embargo, lo que todas señalan es que se trataría de una nave que puede aparecer o desparecer en medio de la noche, y que sería peligroso encontrarse con este mítico barco. La teoría mas aceptada es que es un barco que recoge a los muertos y que viven para siempre en el barco rodeados de fiestas y celebraciones

arco maldito de marinos y pescadores esclavos[editar]
Otra versión cuenta que el mítico barco también aparecería en los mares de Chiloé para embelesar a los pescadores con una música maravillosa, y así atraerlos para convertirlos en tripulantes esclavos que estarían malditos por toda la eternidad llevando una pierna doblada sobre la espalda, de forma similar al Invunche, con el fin de utilizarlos como eternos sirvientes de su tripulación.

Barco mágico de transporte de los Brujos de Chiloé

Tan extendida como la idea de que es un barco de los muertos y de marineros esclavos, se halla la versión de que también se trataría de una mágica nave en la cual los brujos de Chiloé hacen sus fiestas y transportan las mercaderías , luego de este viaje los brujos vuelven de un viaje que lo hacen cada 3 meses para mejorar su habilidades mágicas que poseen Sin embargo se dice que solo los brujos pueden abordarlo y únicamente usando al Caballo marino chilote como medio de transporte; ya que por órdenes del Millalobo, está prohibido que otros seres lo aborden o que se acceda por otros medios al barco.

Barco mágico de contrabando

Igualmente existe la creencia de que la tripulación del Caleuche hace pactos mágicos con ciertos comerciantes, asegurándoles prosperidad material a cambio de que guardando el secreto, les hagan ciertos favores o servicios; como sería el prestar sus casas para las fiestas del barco y otros fines ilegales u oscuros.

Cuando una persona en Chiloé acumulaba rápidamente fortuna, se rumoreaba entre sus vecinos que era porque mantenía relaciones con tripulantes del Caleuche o con los brujos. Estas historias se acrecentaron durante los días que siguieron al terremoto de 1960 porque algunas de esas casas no fueron tocadas por los incendios que arrasaron el puerto de Castro. En esa misma década, la época del Puerto Libre, se contaba que cerca de las casas de comerciantes prósperos del archipiélago de Chiloé, en muchas noches se oían ruidos de cadenas como si un barco estuviera fondeando; se explicaba que era el Caleuche que estaba desembarcando furtivamente en la playa cuantiosas mercaderías o tesoros, aunque muchos no creían esta explicación sobrenatural y preferían buscar la causa en contrabandistas terrenales.

Esta historia tuvo tal difusión, que incluso hasta hoy en día se sospecha cuando un comerciante recientemente exitoso ha recibido poco tiempo antes la noticia del naufragio de una embarcación que llevaba a bordo a uno de sus familiares. La razón es que se dice que su familiar se halla a salvo y seguro a bordo del Caleuche y/o que se ha hecho un trato con los brujos.

Se dice que tantas riquezas se deben a que las personas que están a bordo del Caleuche, en los viajes que realizaría este mágico barco, serían llevadas a visitar ciudades fantásticas que se encuentran instaladas en el fondo del mar; y que además se les revelarían las ubicaciones de los grandes tesoros ocultos en el mar; y que su tripulación conoce el camino hasta la Ciudad de los Césares. De esta forma los brujos les permitirían gozar de una pequeña porción de estos tesoros, y si está vivo también regresar a su hogar; pero con la amenazante condición de que tienen que hacer algún tipo de trato con ellos y que deben mantener esos secretos hasta la muerte. Si no se respeta el trato, se expondrían a ser severamente castigados.

Las historias cuentan que aquellas personas que tienen pacto con el barco fantasma suelen poseer ganado y botes de color negro para congraciarse con los brujos.-

Ser mágico consciente

Existe también una versión que indica que el Caleuche sería realmente un ser creado y dotado de conciencia, y que explica su comportamiento malígno como un afán de venganza.

Según esta interpretación de la historia, originalmente el Caleuche era sólo un buque fantasma, pero el Millalobo le habría otorgado el don de la conciencia, y grandes poderes; con el objetivo de que el Caleuche actúe como el lugar de permanencia de las almas de los difuntos que produce el mar, y que son rescatadas por los hijos del Millalobo.

Se dice que al poco tiempo de su transformación; tuvo por pareja a una loba marina. El Caleuche era feliz con su pareja, con la cual nadaba transformado en un gran lobo marino; pero un día esta fue muerta cruelmente por unos pescadores en la Isla de Tenglo, frente a Puerto Montt. Al enterarse de la muerte de su amada, el Caleuche muy enojado habría jurado vengarse de todo ser humano vivo. Se dice que por este motivo, habría mandado a Puerto Montt grandes males; tales como algunas erupciones del volcán Calbuco, unos incendios que consumieron propiedades e incluso el robo de la mujer más bonita del puerto. Igualmente Este hecho habría sido la razón de su juramento de atraer a todos los marineros y pescadores que encuentra, para hacerlos esclavos de su tripulación, y la razón de que además habría aceptado ayudar a los brujos de Chiloé, transportándolos; pero a pesar de todo esto igualmente debe seguir cumpliendo el mandato sagrado del Millalobo.

Además de atraer a los marineros para hacerlos esclavos, se dice que él tiene la capacidad mágica de castigar a aquellos que lo miran y que no puede lograr atrapar; usando su poder para deformar al infortunado que lo ve sin permiso, al girarle la cara hacia la espalda y dejándole la boca torcida, o dándole una muerte o una locura repentina. Así, se dice que la persona que quiera mirar al Caleuche y no sufrir el mágico castigo, debe procurar que el buque y sus tripulantes no se den cuenta de su osadía.

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El Caleuche

El Caleuche (Video)







"Cada uno actúa de acuerdo a su sentido de justicia; tú tienes tu justicia y yo tengo la mía, nosotros somos hombres ordinarios, obligados a buscar venganza bajo la bandera de la justicia, pero, si hay justicia en la venganza, entonces, la justicia solamente traerá más venganza y eso desencadenará un ciclo de odio"
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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KenshinCroft el Sáb Nov 07, 2015 12:03 pm

Saludos gente!! Continuamos con las leyendas:

LA DAMA ENLUTADA



Sin duda, el caso más popular de apariciones en la carretera es el de LA DAMA ENLUTADA. Un relato escalofriante cuyo protagonista es un taxista y que, curiosamente, narra un fenómeno que sigue presentándose en diferentes partes de nuestro país, pero con diferentes espectros.

Hay que recordar que fantasma y espectro no es lo mismo. Fantasma es una sombra, una imagen borrosa que sólo por su tamaño y silueta se puede determinar a quién pertenece, si a un niño, mujer u hombre; espectro o aparecido, es la manifestación de una persona muerta que, aparenta estar viva; no sabemos de su muerte sino tiempo después, cuando algún familiar o amigo de éste nos lo informa; en otros casos, la persona se entera inmediatamente y de una forma sorprendente, como veremos en el relato de la Mujer Enlutada.

Retomando esta leyenda, hay que tomar en cuenta que todas las leyendas se alimentan de hechos reales, aderezados con elementos fantásticos. Conforme pasen los años, se le agregarán o quitarán elementos, pero la esencia del relato será el mismo.
Existen, por ejemplo, dos versiones de esta leyenda. La más popular, y que por años se creyó la única, es la que se publicó en el libro Leyendas Potosinas (1984) escrito por Mariano Aguilar; ésta atribuye los hechos al taxista potosino Abel Morales en los años ochenta.

Era el mes de noviembre, Abel había trabajado por espacio de cinco horas y eran alrededor de las dos de la madrugada; su último cliente lo dejó a orillas de la ciudad, muy cerca del templo de El señor del Saucito, que por cierto se encuentra muy cerca de un panteón que lleva el mismo nombre.

Cuando Abel ya estaba por regresar a su hogar, una mujer le hizo la parada y le pidió que la llevara a diferentes templos. Abel le explicó que a esa hora no había iglesias abiertas, pero ella le insistió diciéndole que no quería entrar a éstas, sino rezar a sus puertas.

Sin mayores argumentos, el taxista la llevó a siete iglesias y, cuando fueron a la última, la dama –que no se le veía el rostro porque traía un velo negro- le pidió que la regresara al lugar donde la había subido.
Cuando llegaron a su destino, la dama le dijo que no traía dinero, pero que su hermano, el licenciado Mario Palomares le pagaría todo. Para que no tuviera ningún problema, ella le entregó una medalla de oro, la cual llevaba su nombre: Socorro; además le dio una carta para Mario Palomares.

El taxista las tomó de mala gana y las guardó en la bolsa de su pantalón. Arrancó el auto y se dirigió al lugar donde la dama enlutada había subido; al llegar a este sitio, Abel se orilló y detuvo el vehículo para que su pasajera bajara. Pasaron unos segundos y no escuchó que la puerta de su taxi se abriera o se cerrara, miró
por el espejo retrovisor y vio que la mujer ya no estaba.

Abel pensó que por el cansancio no escuchó a la señora bajarse del auto, pero a la vez no se le hizo lógico, ya que por muy cansado que estuviera, cualquier sonido, por demás silencioso que fuera, es apreciable a esa hora de la madrugada.

El taxista decidió regresar a su casa, ya había sido demasiado por esta noche. Sin embargo ocurrió algo más extraño y es que, Abel a pesar de su cansancio, no pudo dormir esa noche, reflexionando en lo vivido con esta mujer enlutada.

Al día siguiente, el taxista tomó las cosas que le entregó la dama enlutada y se dirigió al despacho de Mario Palomares; eran alrededor de las once de la mañana. Abel pidió hablar con él y cuando lo tuvo enfrente, le dijo que la noche anterior había llevado a su hermana Socorro a varios templos para que rezara; además del relato, le entregó la medalla de oro y la carta.

Mario leyó cuidadosamente la carta y aceptó pagarle por el servicio prestado, pero antes de que le entregara el dinero, le dijo que era su obligación informarle que su hermana Socorro tenía dos meses de muerta. Ante tal noticia, Abel rechazó el dinero que le ofrecían y se marchó a su casa; dos meses después el taxista murió de la impresión.




Fuente: Misterios que buscan respuesta










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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KyoUchiha el Dom Nov 08, 2015 10:19 am

Aquí les traigo otra leyenda

Rubia de Kennedy



En 1979, en pleno gobierno militar, varios -y asustados- automovilistas santiaguinos hicieron el siguiente relato: Una hermosa joven de cabellera larga y rubia, vestida con un abrigo blanco, les había hecho autostop en la Avenida Kennedy, en las cercanías de la calle Gerónimo de Alderete. Tras lograr que los autos se detuvieran, la joven siempre se subía al asiento trasero.

Pero, al cabo de unos dos o tres kilómetros, en los precisos instantes en que los vehículos comenzaban a acelerar, la misma mujer les susurraba a los conductores, con una voz tranquila y suave: “No corra, por favor, vaya más despacio. Es peligroso. En una de estas calles me maté yo”. Cuando los sorprendidos conductores escuchaban la frase y miraban instintivamente por el espejo retrovisor, la joven ya no estaba en el auto. Había desaparecido sin dejar rastro.

La Rubia de Kennedy

Mentiras Verdaderas-La Rubia de Kennedy (video)

Salfate: La leyenda de La Rubia de Kennedy - Parte 1

Salfate: La leyenda de La Rubia de Kennedy - Parte 2







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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KenshinCroft el Lun Nov 09, 2015 3:19 pm

Saludos gente!! Aquí dejo otra leyenda del México Colonial:

Nombre: KenshinCroft

Leyenda:

El Fantasma de la Monja


Cuando existieron personajes en esa época colonial inolvidable, cuando tenemos a la mano antiguos testimonios y se barajan nombres auténticos y acontecimientos, no puede decirse que se trata de un mito, una leyenda o una invención producto de las mentes de aquél siglo. Si acaso se adornan los hechos con giros literarios y sabrosos agregados para hacer más ameno un relato que por muy diversas causas ya tomó patente de leyenda. Con respecto a los nombres que en este cuento aparecen, tampoco se ha cambiado nada y si varían es porque en ese entonces se usaban de una manera diferente nombres, apellidos y blasones.

Durante muchos años y según consta en las actas del muy antiguo convento de la Concepción, que hoy se localizaría en la esquina de Santa María la Redonda y Belisario Domínguez, las monjas enclaustradas en tan lóbrega institución, vinieron sufriendo la presencia de una blanca y espantable figura que en su hábito de monja de esa orden, veían colgada de uno de los arbolitos de durazno que en ese entonces existían. Cada vez que alguna de las novicias o profesas tenían que salir a alguna misión nocturna y cruzaban el patio y jardínes de las celdas interiores, no resistían la tentación de mirarse en las cristalinas aguas de la fuente que en el centro había y entonces ocurría aquello. Tras ellas, balanceándose al soplo ligero de la brisa noctural, veían a aquella novicia pendiente de una soga, con sus ojos salidos de las órbitas y con su lengua como un palmo fuera de los labios retorcidos y resecos; sus manos juntas y sus pies con las puntas de las chinelas apuntando hacia abajo.

Las monjas huían despavoridas clamando a Dios y a las superioras, y cuando llegaba ya la abadesa o la madre tornera que era la más vieja y la más osada, ya aquella horrible visión se había esfumado.

Así, noche a noche y monja tras monja, el fantasma de la novicia colgando del durazno fue motivo de espanto durante muchos años y de nada valieron rezos ni misas ni duras penitencias ni golpes de cilicio para que la visión macabra se alejara de la santa casa, llegando a decir en ese entonces en que aún no se hablaba ni se estudiaban estas cosas, que todo era una visión colectiva, un caso típico de histerismo provocado por el obligado encierro de las religiosas.

Más una cruel verdad se ocultaba en la fantasmal aparición de aquella monja ahorcada, colgada del durazno y se remontaba a muchos años antes, pues debe tenerse en cuenta que el Convento de la Concepción fue el primero en ser construído en la Capital de la Nueva España, (apenas 22 años después de consumada la Conquista y no debe confundirse convento de monjas-mujeres con monasterio de monjes-hombres), y por lo tanto el primero en recibir como novicias a hijas, familiares y conocidas de los conquistadores españoles.

Vivían pues en ese entonces en la esquina que hoy serían las calles de Argentina y Guatemala, precisamente en donde se ubicaba muchos años después una cantina, los hermanos Avila, que eran Gil, Alfonso y doña María a la que por oscuros motivos se inscribió en la historia como doña María de Alvarado.

Pues bien esta doña María que era bonita y de gran prestancia, se enamoró de un tal Arrutia, mestizo de humilde cuna y de incierto origen, quien viendo el profundo enamoramiento que había provocado en doña María trató de convertirla en su esposa para así ganar mujer, fortuna y linaje.

A tales amoríos se opusieron los hermanos Avila, sobre todo el llamado Alonso de Avila, quien llamando una tarde al irrespetuoso y altanero mestizo, le prohibió que anduviese en amoríos con su hermana.

-Nada podeís hacer si ella me ama -dijo cínicamente el tal Arrutia-, pues el corazón de vuestra hermana ha tiempo es mío; podéis oponeros cuanto queráis, que nada lograréis.

Molesto don Alonso de Avila se fue a su casa de la esquina antes dicha y que siglos después se llamara del Relox y Escalerillas respectivamente y habló con su hermano Gil a quien le contó lo sucedido. Gil pensó en matar en un duelo al bellaco que se enfrentaba a ellos, pero don Alonso pensando mejor las cosas, dijo que el tal sujeto era un mestizo despreciable que no podría medirse a espada contra ninguno de los dos y que mejor sería que le dieran un escarmiento. Pensando mejor las cosas decidieron reunir un buen monto de dinero y se lo ofrecieron al mestizo para que se largara para siempre de la capital de la Nueva España, pues con los dineros ofrecidos podría instalarse en otro sitio y poner un negocio lucrativo.

Cuéntase que el metizo aceptó y sin decir adiós a la mujer que había llegado a amarlo tan intensamente, se fue a Veracruz y de allí a otros lugares, dejando transcurrir los meses y dos años, tiempo durante el cual, la desdichada doña María Alvarado sufría, padecía, lloraba y gemía como una sombra por la casa solariega de los hermanos Avila, sus hermanos según dice la historia.

Finalmente, viendo tanto sufrir y llorar a la querida hermana, Gil y Alonso decidieron convencer a doña María para que entrara de novicia a un convento. Escogieron al de la Concepción y tras de reunir otra fuerte suma como dote, la fueron a enclaustrar diciéndole que el mestizo motivo de su amor y de sus cuitas jamás regresaría a su lado, pues sabían de buena fuente que había muerto.

Sin mucha voluntad doña María entró como novicia al citado convento, en donde comenzó a llevar la triste vida claustral, aunque sin dejar de llorar su pena de amor, recordando al mestizo Arrutia entre rezos, angelus y maitines. Por las noches, en la soledad tremenda de su celda se olvidaba de su amor a Dios, de su fe y de todo y sólo pensaba en aquel mestizo que la había sorbido hasta los tuétanos y sembrado de deseos su corazón.

Al fin, una noche, no pudiendo resistir más esa pasión que era mucho más fuerte que su fe, que opacaba del todo a su religión, decidió matarse ante el silencio del amado de cuyo regreso llegó a saber, pues el mestizo había vuelto a pedir más dinero a los hermanos Avila.

Cogió un cordón y lo trenzó con otro para hacerlo más fuerte, a pesar de que su cuerpo a causa de la pasión y los ayunos se había hecho frágil y pálido. Se hincó ante el crucificado a quien pidió perdón por no poder llegar a desposarse al profesar y se fue a la huerta del convento y a la fuente.

Ató la cuerda a una de las ramas del durazno y volvió a rezar pidiendo perdón a Dios por lo que iba a hacer y al amado mestizo por abandonarlo en este mundo.

Se lanzó hacia abajo.... Sus pies golpearon el brocal de la fuente.

Y allí quedó basculando, balanceándose como un péndulo blanco, frágil, movido por el viento.

Al día siguiente la madre portera que fue a revisar los gruesos picaportes y herrajes de la puerta del convento, la vio colgando, muerta.

El cuerpo ya tieso de María de Alvarado fue bajado y sepultado ese misma tarde en el cementerio interior del convento y allí pareció terminar aquél drama amoroso.

Sin embargo, un mes después, una de las novicias vió la horrible aparición reflejada en las aguas de la fuente. A esta aparición siguieron otras, hasta que las superiores prohibieron la salida de las monjas a la huerta, después de puesto el sol.

Tal parecía que un terrible sino, el más trágico perseguía a esta familia, vástagos los tres de doña Leonor Alvarado y de don Gil González Benavides, pues ahorcada doña María de Alvarado en la forma que antes queda dicha, sus dos hermanos Gil y Alonso de Avila se vieron envueltos en aquella conspiración o asonada encabezada por don Martín Cortés, hijo del conquistador Hernán Cortés y descubierta esta conjura fueron encarcelados los hermanos Avila, juzgados sumariamente y sentenciados a muerte.

El 16 de julio de 1566 montados en cabalgaduras vergonzantes, humillados y vilipendiados, los dos hermanos Avila, Gil y Alonso fueron conducidos al patíbulo en donde fueron degollados. Por órdenes de la Real Audiencia y en mayor castigo a la osadía de los dos Avila, su casa fue destruída y en el solar que quedó se aró la tierra y se sembró con sal.





Fuente: Mitos Mexicanos










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Concurso Re: Leyendas para no dormir (Aquí escríbelas)

Mensaje por KenshinCroft el Miér Nov 11, 2015 11:13 pm

Concurso terminado. ¡Gracias por participar!










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